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Diario Expreso Ecuador

La confianza como pilar del lavado de activos

Las redes delictivas aprovechan la corrupción y vacíos legales en América Latina para lavar dinero mediante intermediarios financieros, abogados y sobornos

Los intermediarios desempeñan un papel fundamental en los esquemas de lavado de activos, pues las organizaciones criminales, por sí solas, difícilmente pueden ejecutar operaciones de tal complejidad.

Los intermediarios desempeñan un papel fundamental en los esquemas de lavado de activos, pues las organizaciones criminales, por sí solas, difícilmente pueden ejecutar operaciones de tal complejidad.Generada con IA

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Los delitos financieros constituyen un problema de alcance global. Sin embargo, el ‘modus operandi’ de las organizaciones criminales continúa adaptándose para explotar las vulnerabilidades de los sistemas financieros. Estas organizaciones tienden a canalizar y lavar activos en jurisdicciones con altos niveles de corrupción, marcos regulatorios débiles y legislaciones desactualizadas en materia de prevención del lavado de activos (AML).

En América Latina, una proporción significativa de los países presenta estas vulnerabilidades, salvo pocas excepciones.

A pesar del creciente interés por el estudio del lavado de dinero, los mecanismos que explican la formación de vínculos dentro de las redes profesionales de lavado de activos siguen siendo, en gran medida, inexplorados. Comprender estas dinámicas resulta fundamental para detectar las etapas de colocación (’placement’) e integración (’integration’) de los activos ilícitos en la economía formal.

El entramado invisible del lavado 

Los intermediarios desempeñan un papel fundamental en los esquemas de lavado de activos, ya que las organizaciones criminales, por sí solas, difícilmente pueden ejecutar operaciones de tal complejidad. Para ello recurren a facilitadores, entre ellos asesores financieros, contadores, abogados, agentes y corredores inmobiliarios, agentes de alquiler, notarios, empresarios, proveedores de servicios de activos virtuales (VASP) y empresas fachada (’shell companies’).

El común denominador entre todos estos actores es la colaboración. Ningún facilitador posee, por sí solo, los recursos, contactos o conocimientos necesarios para ejecutar un esquema de lavado de activos. Más que la eficiencia operativa, el elemento que sostiene estos esquemas es la confianza.

En la práctica, una parte importante de los recursos ilícitos suele destinarse al pago de sobornos para garantizar la protección, el acceso y la continuidad de las operaciones. De ahí surge el dicho, comúnmente escuchado en círculos criminales, de que no vale la pena lavar menos de USD 10 millones. Al mismo tiempo, la interacción con distintos grupos delictivos amplía las oportunidades de establecer nuevas alianzas, fortaleciendo las redes de lavado de activos.

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