BCRP
La estabilidad económica de Perú no depende de sus candidatos; se soporta en instituciones técnicas fuertes, reglas claras y funcionarios con credibilidad

Está muy próxima la segunda vuelta electoral entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez. En un país donde los presidentes pasan con velocidad vertiginosa, el Banco Central conserva una línea.
Hemos examinado el escenario electoral peruano; sombrío, incierto, dominado por candidatos que no necesariamente seducen, sino que sobreviven al rechazo del adversario. En una eventual segunda vuelta, el resultado podría definirse más por repulsión que por adhesión. No ganaría una visión de centro derecha, pragmática y de economía abierta representada por el fujimorismo. Tampoco ganaría el voto de una izquierda radical, de inspiración mariateguista, maoísta, leninista o troskista de la extrema izquierda latinoamericana. Al parecer, ganaría el ‘anti’, quien acumule menos rechazo y, en medio del miedo, parezca el mal menor.
Pero, más allá de la incertidumbre electoral, la economía del Perú parece resistir los vaivenes políticos. Uno de los factores que explican este fenómeno radica en el Banco Central de Reserva del Perú -BCRP-, el eje institucional más importante para sostener la confianza en medio del caos.
La Constitución peruana y la Ley Orgánica del Banco Central le otorgan autonomía y una finalidad precisa: preservar la estabilidad monetaria. No existe allí una misión ambigua o sometida a los caprichos del poder político. Su tarea esencial es cuidar el valor de la moneda, regular la cantidad de dinero, administrar reservas internacionales y evitar que el financiamiento monetario del gasto público destruya la estabilidad. Esa claridad institucional es de vital importancia, pues cuando un banco central sabe para qué existe, sabe a qué presiones debe resistir.
Continuidad y credibilidad
En ese marco aparece una figura excepcional, Julio Velarde, presidente del Banco Central de Reserva del Perú desde octubre de 2006. Ha sido ratificado por gobiernos de distintas tendencias y ha permanecido al frente de la institución durante casi veinte años. Su continuidad no se explica por su carisma político, sino por su credibilidad técnica. En un país donde los presidentes pasan con velocidad vertiginosa, Velarde ha sido una suerte de ancla silenciosa. La política cambia de rostro, el Banco Central conserva una línea.
Esa permanencia ha permitido construir expectativas. Mercados, inversionistas, bancos, consumidores y agentes productivos miran la conducta esperada de quienes toman decisiones. Sí, el Banco Central transmite prudencia, independencia y capacidad técnica, reduce incertidumbre, modera presiones cambiarias, contiene expectativas inflacionarias y evita que cada crisis política se convierta en crisis económica.
La importancia de una institucionalidad sólida
El caso peruano demuestra que las instituciones importan. No como adorno constitucional, sino como diques de contención frente a la improvisación. Un banco central independiente no resuelve la informalidad ni reemplaza a una clase política seria. Pero evita que el populismo fiscal y monetario destruya la moneda.
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Vanessa López
Por eso, en medio de la incertidumbre electoral, la estabilidad económica peruana no depende de sus candidatos. Se soporta en aquello que ha logrado sobrevivir a ellos, instituciones técnicas fuertes, reglas claras y funcionarios capaces de entender que la estabilidad no se improvisa.
Mientras la política se mueve al ritmo del rechazo, el Banco Central sostiene una premisa básica: sin moneda estable no hay confianza, sin confianza no hay inversión y sin inversión no hay futuro.