Justicia bajo presión
La eliminación de la unidad especializada contra la corrupción abre dudas sobre la independencia, especialización y eficacia de la justicia en Ecuador

La decisión del Consejo de la Judicatura de eliminar la unidad especializada contra la corrupción y el crimen organizado genera debate sobre el futuro de la justicia en Ecuador.
Cambiar la estructura en la justicia no puede cambiar el resultado.
Ecuador acaba de abrir un debate que trasciende una decisión administrativa: ¿cómo garantizar una justicia independiente y eficaz frente a la corrupción y el crimen organizado?
Política
Judicatura y jueces anticorrupción: ¿cuántas vacantes se abrirán y cómo será el concurso?
Gabriela Alejandra Echeverria Vásquez
La especialización no se reemplaza con más jueces
El 7 de septiembre, el Consejo de la Judicatura suprimió la Unidad Judicial Especializada para el Juzgamiento de Delitos de Corrupción y Crimen Organizado, creada hace cuatro años con 14 jueces y apoyo internacional. De esos 14 jueces, tres están siendo procesados por corrupción. La Judicatura sostiene que sus competencias serán redistribuidas entre Judicaturas Penales de Quito y la Corte Provincial de Pichincha, ampliando de 19 a más de 50 los jueces habilitados.
Pero la Función Judicial está en emergencia por falta de jueces y tres magistrados fueron suspendidos por el caso Goleada. La relatora de Naciones Unidas, Margaret Satterthwaite, pidió escrutinio.
¿Cuál fue el mayor error? Creer que una estructura especializada puede sostenerse sin independencia, protección, recursos y evaluación. La lección debió ser clara: redistribuir jueces no garantiza justicia si se pierde especialización y capacidad de respuesta.
Justicia
Judicatura sostiene que la supresión de la Unidad Anticorrupción es una "optimización" de recursos
Richard Josue Jimenez Mora
El riesgo de dispersar los procesos
El mayor riesgo es la dispersión. No basta con contar jueces, hay que medir cuánto tardan los procesos, cuántos llegan a sentencia y si los bienes del delito son recuperados.
Las consecuencias pueden ser profundas. Si mejora tiempos y resultados, habrá sido eficaz. Si fragmenta la especialización, sobrecarga despachos o retrasa procesos, puede favorecer la impunidad y deteriorar la confianza ciudadana.
La justicia debe demostrar resultados
Lo que no debe pasarse por alto: los resultados deben verificarse. La ciudadanía tiene derecho a conocer tiempos de resolución, sentencias y recuperación de activos.
El desafío no es defender una unidad por su nombre, ni cuestionar una reforma por anticipado. Es exigir que el cambio fortalezca al Estado.
La justicia no se mide por cuántos jueces existen, sino por su independencia y capacidad para decidir sin presiones. La ciudadanía debe observar y exigir resultados. Reorganizar la justicia puede ser legítimo; debilitarla, nunca.