Homenaje a Julio Terán (II)
La figura del maestro trasciende la transmisión de información: Julio Terán encarnó una forma de enseñar basada en el pensamiento...

Una mano escribe junto a libros abiertos, una imagen que evoca el valor del pensamiento, la reflexión y las enseñanzas que trascienden la mera transmisión de información.
Los profesores ejemplares, los maestros, ofrecían siempre, en sus cursos el desarrollo de la materia, provocaban cuestionamientos al discurso que iban exponiendo e incluso ellos mismos lo ponían en duda para provocar la discusión de los participantes y siempre, sobre todo, entregaban un par de intuiciones fundamentales que no estaban en ningún libro y que era resultado del trabajo espiritual incesante. Cualquier otra cosa resultaba pura repetición, información, erudición. Nada que la IA no pueda hacer mejor. El maestro ofrecía claves o miradas sobre el saber en cuestión y muy importante, la comprensión de la condición humana. El significado del misterio de la vida o de la muerte, por ejemplo, más allá de las formas específicas de lidiar con ambas, típicas de médicos, sicólogos, juristas, sociólogos. Estas claves hacían a los maestros preciados e inolvidables.
La formación humanista de Julio Terán
Julio Terán fue de las últimas generaciones de jesuitas que se formaron de acuerdo a la ‘Ratio Studiorum’ (plan de estudios) de los jesuitas, vigente hasta el Concilio Vaticano II. Su estructura constaba de una formación en humanidades clásicas de tres años de duración y luego tres de Filosofía. Las humanidades implicaban el estudio de latín y griego clásicos para poder leer los textos básicos de la cultura occidental, los trágicos griegos y los poetas Horacio y Virgilio. No era erudición: se trataba de entender al ser humano desde la sabiduría griega que expresaba la tragedia del destino humano y el problema del mal. La filosofía en cambio, seguía el modelo de la Escolástica del jesuita Francisco Suárez, que mostraba el esplendor de la razón humana, vigente contra escepticismos y negaciones de toda índole. Esa razón se abriría por la analogía en el misterio de la fe, tema de los cuatro años de teología con que se cerraba la formación.
Una experiencia del pensar más allá de la filosofía tradicional
La lección inaugural con la que Terán abrió el curso académico de 1970 era un comentario sobre el último escrito de Martin Heidegger, El final de la filosofía y las nuevas tareas del pensar. Era una ruptura intelectual con la tradición filosófica vigente al anunciar que lo que conocíamos como filosofía desde Platón estaba concluida pues ya no importaba la pregunta por el fundamento y, a la vez, el anuncio de un nuevo pensamiento para la época que vivíamos. Pausado, mostraba cómo un pensamiento gestado en alemán podía, sin jergas ni tecnicismos, expresarse en castellano con la sola obligación del rigor y la exigencia. Más que una lección, una experiencia del pensar.