El milagro de no caminar solos
La historia, la fe y los milagros se entrelazan en la romería de la Virgen de El Cisne, una tradición que cada agosto reúne a miles de ecuatorianos

La devoción a la Virgen de El Cisne se manifiesta en actos previos a la romería a su santuario.
Hay caminos que llevan a una ciudad y otros al alma. El de la Virgen de El Cisne, a ambos. La historia comenzó el 12 de octubre de 1594, cuando Chayalama (El Cisne) se quedaba sin vida; la sequía agrietó la tierra, las plagas arrasaron los sembríos y el hambre forzaba a los indígenas a marcharse. Según la tradición, la Virgen se manifestó y pidió que se quedaran y levantaran una iglesia a su nombre. Ellos confiaron y cumplieron, milagrosamente volvió la lluvia y el pueblo halló una razón para vivir con fe.
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El origen de una fe que devolvió la esperanza
Los pobladores viajaron a Quito y regresaron con una imagen de la Virgen María atribuida a Diego de Robles. El obispo fray Luis López de Solís la llamó Nuestra Señora de El Cisne. Historiadores lojanos vinculan el nombre con la orden europea de los Caballeros de El Cisne, dedicada a honrar a la Virgen, por eso Chayalama pasó a llamarse El Cisne.
Desde entonces la gente cruzó montañas para pedir y agradecer. En 1779 ya constan romerías; en 1829, tras las guerras de Independencia, Simón Bolívar decretó el traslado anual de la imagen a Loja y privilegios para una feria que reanimara su economía. Así nació la Feria de Loja, de una fe que reconstruía.
Cada agosto, miles de fieles recorren 70 kilómetros tras la Churonita. Unos piden milagros, otros vuelven a agradecerlos. En la ruta, familias ofrecen agua, comida y descanso. Nadie pregunta quién eres, basta tu cansancio para hacerte un lugar.
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Setenta kilómetros de promesas y gratitud
Allí camina una madre con la foto de su hijo, un enfermo que mide sus fuerzas, una familia que cumple una promesa y un migrante que vuelve a su montaña. Al aparecer la Virgen muchos lloran, es indescriptible lo que ella provoca con solo mirarla; quien vivió un milagro sabe que hay gratitudes que la voz no explica.
Es la romería más antigua y considerada la más grande del Ecuador. Loja se vuelve una casa abierta, abraza al que agradece, sostiene al que sufre y acompaña al que espera. Tal vez, ese sea su milagro; la fe no siempre evita el dolor, pero hace que nadie tenga que cruzarlo solo.