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Diario Expreso Ecuador

¿Enseñamos a votar?

Debemos enseñar a pensar en las aulas para evitar que el electorado sea víctima de sofismas y falsas promesas en las urnas

No sabemos votar porque no pensamos; y es que no enseñamos a los alumnos a pensar para que sean capaces de acertar, analizar, contrastar y discriminar, separando lo bueno de lo malo.

No sabemos votar porque no pensamos; y es que no enseñamos a los alumnos a pensar para que sean capaces de acertar, analizar, contrastar y discriminar, separando lo bueno de lo malo.Archivo Expreso

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Tristemente se ha vuelto noticia común aquello que ya poco sorprende: las revelaciones que el Ministerio a cargo de la seguridad, la Fiscalía u otros organismos de control del Estado realizan sobre procesos a mandatarios de distintas latitudes del país por acciones ‘non sanctas’.

Ese no es nuestro campo y no vamos a ir por ahí; pero sí queremos invitar a reflexionar sobre algo importante: esos seres humanos no tomaron sus puestos por asalto ni fueron designados, han sido votados, los hemos elegido. Las dignidades que detentan no les cayeron del cielo, sino por aceptación popular.

Es ahí donde caben las preguntas: ¿sabemos elegir? ¿Sabemos votar? ¿Somos capaces de seleccionar a nuestros mandatarios? A primeras luces, parecería que no siempre; que, en ocasiones, podemos dejarnos llevar por las emociones, por las ofertas o promesas que nos presentan y por las expectativas que generan, dejando en segundo plano una selección racional, lógica y basada en el análisis de una personalidad y de una propuesta.

Formar ciudadanos con voto ético e informado

No sabemos votar porque no pensamos; y es que no enseñamos a los alumnos a pensar para que sean capaces de acertar, analizar, contrastar y discriminar, separando lo bueno de lo malo; porque no les enseñamos a distinguir el sofisma del silogismo y, con ello, les damos oportunidad para ser víctimas de la falacia.

Al no analizar, nos exponemos a no distinguir el ofrecimiento de la posibilidad real de realizarlo, la oferta demagógica de la posibilidad cierta. Al no investigar al candidato, no conocemos la biografía que nos indique su trayectoria y capacidades. Al no tener información, desconocemos sus antecedentes, su posibilidad de gestión y las experiencias que determinan si el postulante es capaz de desempeñar el cargo para el que aspira o definir si es un perfil administrativo o normativo-legislador, o si lo que dice se corresponde con sus acciones.

Pero, ¡cuidado!, el educador debe llevar al alumno a enfrentar el proceso, pero jamás intentar sesgar su criterio o manipular su intención. Solo así, ese voto será ético, cívicamente válido y expresión del libre albedrío ciudadano.

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