Editoriales

Pandemia y toque de queda

'La implicación ciudadana, a través de la comprensión sobre los riesgos reales, es más determinante en el freno de la epidemia que la imposición por la fuerza de un toque de queda'.

Luego de los avances conceptuales sobre lo que es salud pública, logradas en la Carta de Otawa y continuados por lo que se denominó “determinantes sociales de la salud”, pareciera que ha llegado el momento de nuevas conceptualizaciones a la luz de la experiencia que nos está dejando el coronavirus. La pandemia en la que ni el más vanidoso de los epidemiólogos puede considerarse experto, obliga a no pretender aplicar rígidamente en los distintos ámbitos culturales de los países, las normas al uso.

Así, más allá del toque de queda, lo que hay que lograr es que la población entienda que existiendo individuos infectados, asintomáticos, pero sí capaces de contagiar, su libre circulación pone en riesgo no solo a sus más cercanos, sino a la población en general. De ahí que medidas como la de usar mascarilla, debería asumirse de inmediato por toda la población, dentro y fuera de casa. Eso sería más efectivo que impedir su circulación y peor cuando pese al toque de queda, las restricciones no se cumplen, dado que la gente tiene que salir a buscar su pan. A lo que sí debería obligarse, y para ello la vigilancia es importante, es a no transgredir las normas de protección establecidas, al tiempo que el ministerio realiza las pruebas requeridas para detectar a los contagiados.