Editoriales

Lección de empatía

Más empatía y eficiencia y menos promesas. Es lo mínimo que deben prestar las autoridades

La cara más indeseable de la corrupción es la que margina a los que tienen verdadero derecho a acogerse de los servicios del Estado. La corrupción no solo es llevarse dinero de los contribuyentes; es también quitar oportunidades y restringir derechos a los ciudadanos que pagan religiosamente sus impuestos para tener servicios públicos decentes. Como de educación y salud.

Esa faceta despreciable, la que da privilegios a unos en desmedro de la cobertura de necesidades de una generalidad, es la que mostró el escándalo de los carnés de discapacidad. Aparte de no haberse depurado el asunto con la justicia esperada para los aprovechados, la peor consecuencia es que aún hay casos de ecuatorianos desesperados que esperan -incluso con su mejor cara y actitud- una solución a sus requerimientos. Este Diario ha seguido la historia de un niño que perdió un ojo como consecuencia de un cáncer del que aún no ha recibido el alta. ¿Tiene carné de discapacidad? No. ¿Por qué? Por una burocracia inhumana que le ha llevado al absurdo de ver caducar los documentos que acreditan sus afecciones de salud. Como si pudiera haber algún cambio en su ojo desaparecido con el paso de los meses. Más empatía y eficiencia y menos promesas. Es lo mínimo que deben prestar las autoridades.