Editoriales

La inacción se paga

No opaquen en un discurso de indisciplina la negligencia de no contar con capacidad de reacción apropiada que habría evitado nuevas restricciones y la consecuente asfixia de la economía

Hace un mes se intubaba a pacientes de coronavirus sin anestesia. Como si no hubiera pasado un año desde el estallido de la pandemia y los hospitales no hubieran vivido ya un escenario de colapso de pacientes. Hace un mes se autorizaban graduaciones de estudiantes, pero se dejaban las clases en presencial. Hace un año, la COVID-19 cogió por sorpresa al mundo entero. Pero las urgencias de hoy no son sobrevenidas, son negligentes.

Es inconcebible que las autoridades nacionales y locales reprochen hoy a los ciudadanos por indisciplinados, cuando Ecuador ha ido sin rumbo durante todo un año. ¿Dónde está el millón de vacunas que debía estar aquí en marzo? ¿Dónde está la capacidad de reacción para ampliar la capacidad de camas UCI ante picos de contagios? ¿Dónde están el abastecimiento completo de hospitales con insumos y personal? Los ciudadanos están llamados, y con buena razón, a respetar las medidas de prevención y de restricción para evitar contagios, pero los primeros que predican con dejadez son los que toman las decisiones. No opaquen en un discurso de indisciplina la negligencia de no contar con capacidad de reacción apropiada que habría evitado nuevas restricciones y la consecuente asfixia de la economía.