Editoriales

Atesorar la reputación

Con un entorno cada vez más expuesto y una tendencia a filtrar imágenes íntimas, la única forma segura de evitarse problemas está en uno mismo.

Otro video que hace añicos la imagen de una persona, hasta ahora anónima, por una tarde de diversión que, en teoría, debía haber transcurrido en el ámbito privado. El mundo ha cambiado. Más que lamentarse, hay que ser consciente de que las redes sociales, los sistemas de mensajería e internet son herramientas que han conducido a una existencia de exposición máxima. Guste o no guste, es ingenuo pensar que se pueden realizar las mismas actividades que antes -cotidianas o excepcionales, pudorosas o impúdicas- con la libertad y tranquilidad de que quedaría solo entre amigos. La culpa de que una joven mujer aparezca ahora en los celulares de miles de personas, interesadas o no en recibir esos videos sobre una tarde de diversión ajena, no es obviamente de la chica que ahora sufre las consecuencias. El cuestionamiento es para quienes difundieron los videos sin empatía y estimulados por el morbo. Sin embargo, dados los episodios cada vez más recurrentes de filtraciones de escenas íntimas, sería recomendable que las personas sean conscientes y celosas de su intimidad incorporando hábitos precavidos para atesorar la reputación propia. Si el entorno está cada vez más expuesto y es una tendencia a todas luces incorregible, la única forma segura de evitarse problemas está en uno mismo.

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