Ecuador, rehén del “post”
La política se vuelve un show barato: el que acusa primero gana el titular; el que prueba después pierde el impacto.La fiscalización se vuelve escándalo

Los troles de redes sociales crean relatos para impactar, sin la necesidad de que estos sean reales.
Luego de revisar la estupenda entrega de Horacio Chavarría en estas páginas la semana pasada, me surgieron varias reflexiones que paso a compartir. El Ecuador no está discutiendo política, está discutiendo quién grita más fuerte y sobre el tema que posicionan en las redes sociales. Y mientras el país se acostumbra a marchar a punta de “tendencias” y “likes”, la democracia se va quedando sin piso.
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Una cosa es que existan plataformas digitales y otra muy distinta es que el Estado, los partidos, las instituciones y hasta la justicia, terminen viviendo atentos al algoritmo, como si una república se gestionara con notificaciones.
Por ello la mentira prende tan fácil; existe un afán de certezas rápidas en un país cansado con instituciones deslegitimadas que nadie “banca” y menos convencen; políticos con un extenso rabo de paja que solo prometen y sin aval, así como funcionarios que confunden transparencia con un video bien “tuneado”.
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Si la información oficial llega tarde, llega maquillada o no llega, igual el vacío tiene que llenarse. Y, lo peor, no es que lo llena un comité de sabios inventando un contenido (ojalá); de hecho, lo llena cualquiera con un celular bien pautado, escasas neuronas y cero escrúpulos.
El problema no es que haya “influencers” hablando de política. El problema es que algunos, a pesar de temer solo un dedo de frente funcionan como “ministros paralelos”. Sin responsabilidad de nada, pero con capacidad de incendiarlo todo. Antes, las barbaridades políticas quedaban descartadas en un “cuarto de guerra”, hoy se vuelven “verdad” con tres capturas de pantalla, un audio editado y una frase con música dramática.
Y luego, buena suerte tratando de desmentir eso, porque la aclaración llegó cuando la mentira ya se fue. La política se vuelve un show barato: el que acusa primero gana el titular; el que prueba después pierde el impacto. La fiscalización, en vez de ser evidencia y proceso se vuelve escándalo y/o escudo. Así, la confianza se evapora. Ya no se pregunta “¿es cierto?”, sino “¿quién lo dijo?”.
Con esa lógica, las instituciones quedan atrapadas en un ring donde cada decisión se interpreta como favor, persecución o conspiración. Tribunal Electoral, Fiscalía, Asamblea, Procuraduría, Contraloría, todo se sospecha, cualquier sentencia se grita, cualquier regla se rompe. Es una democracia de feria libre.
Para sacar el debate del pantano en el que se encuentra, se requiere desde el gobierno transparencia real y no propaganda. Datos completos, contratos publicados, compras claras. Que exista una política digital no para callar opiniones, sino para que la propaganda encubierta se muestre.
"Para sacar el debate del pantano en el que se encuentra, se requiere desde el gobierno transparencia real y no propaganda. Datos completos, contratos publicados, compras claras".
El dinero mueve los intereses de los troles
¿Quién paga la pauta? ¿Quién financia las páginas “ciudadanas” que solo atacan a un lado? ¿Quién arma redes de cuentas falsas? Perfectamente se pudieran rastrear campañas. Nos hace falta un periodismo que investigue, contraste y corrija en público cuando se equivoca. Pero también hace falta que dejen de vender opinión como si fuera noticia. Si los medios quieren recuperar autoridad, tienen que ganársela.
Finalmente, las redes sociales continuarán, pero lo que importa es si el país va a seguir permitiendo que un post malintencionado decida la agenda nacional, que un rumor manche reputaciones y que una “tendencia” reemplace evidencias. Una república no puede funcionar a la velocidad del chisme.
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La democracia necesita hechos, no contenidos vacíos y los hechos necesitan procesos, no “likes”. Si no se defiende ese piso mínimo, el Ecuador polarizado que tenemos se va a romper en tantos sectores que ni siquiera discutirán sobre el mismo país.