La otra economía: más allá de petróleo y minería
Un crecimiento de 1,8 % anual para el sector no petrolero, ni minero, puede sonar aceptable, pero en la práctica es otro hecho

Imagen referencial. Ecuador registra crecimiento del 4,3% en la economía no petrolera en 2025.
En la reciente rendición de cuentas de la ministra de Finanzas destacó el crecimiento de la economía no petrolera que el último año fue de 4,3 %, algo por encima que la economía en su conjunto, que creció en 2025 el 3,7 %. Los datos que tengo disponibles no me permiten hacer la separación de petrolera y no petrolera ya que en los reportes de cuentas nacionales juntan Petróleo y Minas, así que la presente columna se enfocará en el crecimiento de la “economía no petrolera ni minera”, pero no se verá exclusivamente el año después del rebote. Vale la pena ver la última década.
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Liz Briceño
Crecimiento de la economía no petrolera en Ecuador 2025
La población ecuatoriana en 2015, de acuerdo a los datos del INEC, fue 16,4 y llegó a 18,9 millones de habitantes al finalizar diciembre de 2025. En esa década la población creció 1,5 % en promedio anual.
El PIB total en 2015 fue $ 101 mil millones. Petróleo, minas y Derivados de petróleo sumaban $ 10.224 millones (M) y por diferencia la economía no petrolera, ni minera fue $ 90.846M. Diez años después, en 2025, el PIB total en dólares reales fue $ 117.228M. Petróleo, minas y derivados caen a $ 9.039M. Terrible. La economía que no es petróleo, derivados, ni minas, llegó a $ 108.189M.
Al ponerle datos de crecimiento promedio en la última década, en el mismo orden señalado, crecen 1,5 %, -1,2 % y 1,8 %. Visto así no hay ninguna maravilla en ninguna de las tres categorías. Mientras el petróleo y derivados retroceden, la economía que no depende de ellos apenas logra sostenerse. Petróleo, Minas y Derivados de petróleo se ha convertido en un lastre para la economía; resta en lugar de sumar. Al sector minero le recomendaría que hagan la gestión ante el Banco Central para que los separen de la categoría Petróleo y Minas, ya que su aporte, seguramente positivo, se pierde ante tan mala compañía.
Crecimiento poblacional vs. crecimiento económico
En la última década, la economía ecuatoriana solo ha crecido al mismo ritmo que la población. En términos per cápita, no hay avance: más producción, sí, pero también más bocas que alimentar.
Un crecimiento de 1,8 % anual para el sector no petrolero, ni minero, puede sonar aceptable, pero en la práctica significa que el ingreso por habitante apenas se mueve, dejando intacta la sensación de estancamiento.
En la década reciente, para petróleo, minas y derivados de petróleo, su crecimiento ha sido negativo en siete ocasiones. La otra economía, en los últimos tres años bisiestos (2016, 2020 y 2024) ha tenido caída y posteriores rebotes declinantes. Si fuera tan sencillo como sumar, al crecimiento de 4,8 % de 2025 lo acompañarán menores crecimientos de los años siguientes y otra crisis en 2028. No es la suerte del calendario, es la ausencia de políticas que rompan el ciclo. Si la economía ecuatoriana tropieza cada año bisiesto, quizá no sea azar: es el reflejo de un ciclo político que repite la incertidumbre preelectoral como destino.
El crecimiento señalado para el sector no petrolero de 4,3 % en 2025 puede sonar alentador, pero sin reformas estructurales será solo un espejismo. La economía ecuatoriana necesita romper con la dependencia de los ciclos políticos y con el lastre del sector petrolero. De lo contrario, el 2028 nos encontrará otra vez en crisis, como si el calendario dictara nuestra suerte.