Roja para Amarilla
Las declaraciones de la senadora paraguaya Celeste Amarilla contra el futbolista francés Kylian Mbappé desataron críticas por su contenido racista

La senadora paraguaya Celeste Amarilla fue cuestionada por sus comentarios contra Kylian Mbappé tras la eliminación de Paraguay del Mundial.
A veces la tarjeta amarilla no alcanza. Hay faltas que merecen expulsión directa, sobre todo cuando no vienen de la tribuna sino de una curul. Lo de Celeste Amarilla, senadora paraguaya, no fue calentura de partido ni torpeza menor, fue racismo puro y duro.
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Carlos Romero
Las declaraciones de Celeste Amarilla que desataron la polémica
Las expresiones en contra de Kylian Mbappé con las que Amarilla descargó su frustración por la eliminación de Paraguay del Mundial a manos de Francia, no tenían nada que ver con el fútbol. Se puede criticar a un jugador o a una selección, incluso al arbitraje o a la misma FIFA. Lo que no se puede es convertir el origen, la raza o la identidad de alguien en insulto. Peor aún desde un cargo público.
Mbappé la llamó despreciable. La palabra es fuerte, pero llena de razón. Apropiada para los epítetos con que la legisladora calificó al jugador. También la llamo “indigna de su cargo. Concuerdo completamente.
El problema no es que Mbappé sea famoso o millonario. Tampoco si cae simpático o antipático o si celebró de más. Nada de eso cambia lo esencial. Una legisladora no puede usar el dolor de la derrota como excusa para decir lo que en cualquier democracia decente debería dar vergüenza y ser sancionado ejemplarmente.
Pero eso no es todo. En el colmo del cinismo, Amarilla intentó ponerse el traje de víctima y hablar de violencia de género. Una maniobra deleznable por donde se la mire.
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No todo reproche a una mujer es violencia de género. A veces es apenas la consecuencia de haber dicho algo inadmisible y de que alguien lo señale. Como este caso. El feminismo no puede ser usado como escondite para el racismo. Además, convertir una causa justa en coartada solo la debilita y les da munición a quienes quieren atacarla.
Pero no nos distraigamos de lo central. El racismo no vive solo en los estadios. Vive también en conversaciones cotidianas y en bromas que no lo son. Cómo vamos a desterrarlo si una legisladora lo alienta desde su curul. Amarilla no tuvo un exabrupto, mostró una forma de mirar el mundo. Y frente a eso no caben disculpas tibias ni explicaciones patrioteras. Hay faltas que no admiten advertencia sino una roja directa.