Navidad y pandemia

  Columnas

Navidad y pandemia

"Que esta pandemia y la “nueva normalidad” no terminen con la permanente y necesaria atención que merecen y debemos dar a los niños pobres"

La celebración de la Navidad en el Occidente mercantil capitalista reemplazó a la del mundo católico: el advenimiento del Mesías, Jesús. Se impuso esa práctica y cultura extranjera (anglonorteamericana). Así los católicos se incorporaron a esa festividad. Nos acostumbramos a que coexistan Santa Claus y el nacimiento del Niño Dios. La magia del mercado hace que convivan lo pagano y lo sagrado. Esta Navidad será distinta. Aunque la compra frenética de regalos y la reunión familiar seguirá la tradición que no se rompe porque tiene orígenes y matrices consanguíneas y afectivas. La incertidumbre, pánico y atmósfera tenebrosa-mortal que trajo la pandemia del coronavirus, con nombre paradójico: “nueva normalidad”, en la Natividad nos hace pasar con alegría, temor y esperanza. La primera por esa celebración primaria, instintiva y psicosocial que cohesiona unidad y amor, cariño y afecto con las personas que queremos. La segunda, porque llegó abruptamente con la pandemia de China (natural o creada, para que se expanda en el mundo), que no deja de amenazar salud, seguridad y la vida de todos los habitantes del planeta. La esperanza, porque mucho se cree y espera que logre la vacuna. También de la fe porque en estos tiempos hombres y mujeres, niños y ancianos, familias y sociedades la han fortalecido. Incluso los que se alejaron porque Dios no les dio oportunamente lo que algunos pidieron que les conceda. 

Que esta pandemia y la “nueva normalidad” no terminen con la permanente y necesaria atención que merecen y debemos dar a los niños pobres. Que el temor generalizado que crea el coronavirus no impida lo que ellos esperan: las manos solidarias y generosas de quienes podemos darles algo más que una palabra. 

La COVID-19 cayó sobre todos. Los más afectados, infectados y muertos fueron los pobres. Quedaron sin empleo y sin ingresos. Esperan que la nueva llegada del Mesías traiga calma y algo de alimento. Anhelosos aguardan que esta normalidad (aberrante y destructora anormalidad) termine. Así, hoy la farmacéutica y la fe se simbiotizan. Será porque la ciencia no puede suprimir definitivamente aquella esperanza que los hombres ponen en sus creencias en sus divinidades. Así son los misterios indescifrables de la vida social.