2022, por favor te pido

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2022, por favor te pido

Que se graben a fuego -donde les apetezca- que su única misión es servir, no servirse. Pensar en todos, pero proteger a los más débiles

A tus hermanos que ya se fueron, 2020 y 2021, les dimos mucho porque las circunstancias obligaron.

Si es verdad que se cosecha lo que se siembra, quiero que esperes poco de nosotros.

Te toca dar.

En esos años nos pidieron encerrarnos y lo hicimos. Nos pidieron atenazar el miedo, domarlo como a la bestia salvaje que es -que siempre ha sido- y lo logramos.

A medias, pero amordazado está.

Nos pidieron alejarnos de los nuestros, no tocarlos, no mimarlos, no acompañarlos mientras enfermaban. Lo hicimos.

Nos pidieron aguantar el recorte de sueldos, las tareas duplicadas, las burocracias interminables, los despidos sin alma, los entierros sin lágrimas…

Lo hicimos.

Nos pidieron no viajar, no bailar, no irnos de juerga, no juntarnos como si fuésemos racimos para celebrar la vida.

Nos pidieron aprender, luchar, entender, resistir.

Ahora es tu turno, 2022. Quiero pedirte que la locura cese, que baje de verdad la guardia porque ya se ha llevado a más de cinco millones en el mundo. Que este año acabe. Que la normalidad, o eso que llamábamos así, vuelva.

Y en cuanto a nosotros como país quiero pedirte que este año nuestros dirigentes -políticos, empresariales, académicos, sindicales, comunitarios- rompan moldes y superen las expectativas.

Va siendo hora de salir del pozo, va siendo el momento de poner en práctica todo lo aprendido en estos tiempos: resiliencia, honestidad, valor. Más que tener buenas ideas, lo que hace falta es lanzarlas, jugársela.

Quiero pedirte líderes a los que les importe un bledo su bienestar, pero les interese mucho el colectivo. Que nos digan la verdad, sin adornos ni anestesias. Que dejen de cobrar diezmos, hacer de la política un lodazal o tener un ejército de lambones pagados con dinero público. Que se graben a fuego -donde les apetezca- que su única misión es servir, no servirse. Pensar en todos, pero proteger a los más débiles.

En fin: dar ejemplo, no vergüenza.