No hay otro lugar

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No hay otro lugar

Eso solo será posible cuando estemos claros de que este es el único lugar que nos queda, que no hay otro lugar

Hace unas semanas conversaba con una persona con la que habitualmente departo; una de las personas que considero del más alto nivel intelectual. Generalmente cuando habla, yo callo, y me limito a preguntar para explorar su mente. Dialogando sobre las múltiples causas que llevaron a Perú a la decisión que su electorado tomó, y que en el momento de conversar se vislumbraba que Chile iba por el mismo camino, él me decía: ‘lo que ocurre con los latinoamericanos es que siempre tienen un plan B para abandonar la pelea’. Su reflexión hacía referencia a varios países, empezando por los judíos en Israel. Por qué Irán o cualquier país sabe sus límites respecto a Israel: porque los judíos están dispuestos a todo si se ven amenazados en su existencia. Saben que ese es el último lugar que les queda en el mundo donde puede una nación judía conformar un Estado, y van a morir antes de perderlo. No tienen a dónde más irse. En el caso de los latinoamericanos no es así. Si las cosas van mal, empacas maletas y te marchas del país. Muchas personas tienen doble pasaporte, conexiones sociales laterales en otros países, o simplemente están dispuestos a irse, como antes otros se fueron. Los vietnamitas o los afganos extremistas jamás perderán sus guerras, porque no tienen a dónde irse, equivocados o no, van a pelear hasta el fin por lo único que tienen.

Yo no juzgo a quien quiere irse al ver una sociedad destruida moralmente y donde una mayoría temporal se alinea con ideologías superadas por la historia, pero reflexiono que ese sentimiento cuando se hace colectivo, termina rompiendo la determinación para luchar, para pelear por su propio futuro. Si algo aprendimos en esta pandemia es que somos capaces de trabajar juntos para superar problemas. Ojalá nos cale en el corazón y la mente aquella máxima de Robespierre que decía que “se puede abandonar una patria dichosa y triunfante, pero amenazada, destrozada y oprimida no se la deja nunca; se la salva o se muere por ella”. Eso solo será posible cuando estemos claros de que este es el único lugar que nos queda, que no hay otro lugar.

Feliz año.