Columnas

Falacia lógica

"Al contrario, si salimos vivos, pero nuestra economía muere, la próxima enfermedad es la extensión de la pobreza, esta vez no focalizada, sino generalizada".

O falso dilema, se dice de una situación en la que se presentan dos puntos de vista como las únicas opciones, o blanco o negro, cuando en realidad hay muchos tonos de grises entre esos dos colores. Hoy los expertos en medicina y los expertos en economía nos quieren llevar a esa encerrona de, o pobres o muertos.

Es racional creer que en esta letal pandemia si todos morimos, la salud económica no nos servirá. Al contrario, si salimos vivos, pero nuestra economía muere, la próxima enfermedad es la extensión de la pobreza, esta vez no focalizada, sino generalizada.

Sigo con muchísima atención al Dr. Roberto Muñoz. Él se define en sus redes sociales como “Papá de Robertito Iván, esposo, ecuatoriano, gastroenterólogo, Endoscopía bariátrica. ERCP”. Él es la voz de aliento desde la primera línea en el Hospital del IESS de Los Ceibos; exacto, desde el lugar epicentro de la catástrofe. Me alegro mucho cuando escribe mensajes como este: “Tremendo equipo la guardia de ayer, muchas gracias; en medio de tanta incertidumbre me permito darles la certeza de que todos los profesionales de la salud estamos dando nuestro máximo esfuerzo, que las pérdidas las lamentamos como propias y cada alta la celebramos con mucha alegría”. O cuando escribió: ¡Guardia excelente! 6 altas en mi sala, 0 fallecidos! ¡Vamos carajo, que sí se puede! Los ojos se me suelen humedecer cuando lo leo, pero aspiro a que pase este infierno para invitarlo a tomar un café.

Nadie duda de la hoja de ruta, testeos masivos, identificación de casos, marginación de esos casos, campaña de educación por todos los medios, explicando que la responsabilidad de contagio es personal. Si no usas mascarillas, guantes, lavado de manos, desinfección de zapatos y ropa al regresar a casa, y si no guardas los dos metros de distancia social, y caes, es solo por tu culpa.

Si Dios te da la bendición de la vida, solo tú debes evaluar cuántas personas dependen de que tú vayas a trabajar, o cuantos miembros de tu familia no tendrán alimentos por un confinamiento feroz, o cuándo puedes poner en peligro tu empleo. ¡Ni pobres ni muertos! Que nadie decida por ti, tu realidad es tuya.