Columnas

Improvisación municipal

Mientras en Guayaquil se gasta en arte urbano en lugares escondidos, se paga el doble en trapear la ciudad... los verdaderos problemas persisten y denotan a que no hay un plan urbanístico a pesar de tres años en gestión.

Algo está mal con el urbanismo de esta ciudad. La parte de planificación arquitectónica y urbana está a la deriva. Muchos de los temas son atendidos gracias a la exposición en prensa y redes sociales; siendo los reclamos los que marcan el paso. Sectores como Lomas de Urdesa y La Garzota se han visto obligados a conformar comités barriales porque el cabildo demora las respuestas, las alarga o no las da. Mientras se gasta en arte urbano en lugares escondidos, se paga el doble en trapear la ciudad mientras la movilidad y los aforos han estado reducidos, y se incremente el número del personal en diferentes instituciones del municipio, pero los verdaderos problemas urbanos persisten y denotan a que no hay un plan urbanístico a pesar de tres años en gestión.

Existe, al parecer, un conflicto interno de intereses en esta administración. Esto se refleja con la rotación de directores de obras públicas, van más de seis si no he perdido la cuenta, y de gerentes generales de la ATM, ya van tres. Con estos resultados no me sorprende que en medio de la pandemia, con restricciones de aforo por parte del cabildo, se haya peatonalizado la Av. principal de la ciudad, esto por un día porque se dieron cuenta del grave error. ¿Por quién se están dejando asesorar?

Si los buses particulares han tenido sus problemas con el incremento de combustible, no me cabe duda que hay una bomba de tiempo con respecto a la Metrovía. Nadie ha hablado sobre el “pago justo” en el sistema de transporte. Es inminente que ante la estructura de pago fijo, unos pagan menos y otros pagan más por el servicio. Para esto se necesita medir para llegar a controlar. 

A vísperas de la tecnología 5G me sorprende que no se hable de soluciones integrales en lo que se incluyen sistemas de recolección de datos y monitoreo del servicio para una adecuada gestión. Se los ve más enredados que el cableado de nuestras calles. Se necesitan expertos (experiencia), no improvisados (conocidos) para sacar a esta ciudad del declive urbanístico en el que está.

Las respuestas que tenemos son reacciones, ninguna es clara, concisa y correctiva. Es claro que los expertos en el tema escasean en las mesas de decisiones, o las cabezas no dejan opinar al resto. Si me equivoco corríjanme, porque veo una ciclovía solo en estructura, pero sin un programa social y educativo que concientice con políticas claras y precisas. Pero qué podemos esperar cuando nunca se concientiza a los habitantes de los sectores intervenidos. Además fue clara la alcaldesa de Bogotá, Claudia López Hernández, al recomendarle a este municipio el no segregar partes de la ciclovía sobre las veredas. Repito, al peatón se le da espacio, no se le quita. A pesar de esto, de capricho le hacen caso omiso. ¿Por quién se están dejando asesorar?

En Guayaquil, al margen de cómo van las cosas, el ordenamiento y mejora de los espacios públicos son meras improvisaciones sin un plan adecuado, amigable e inclusivo. Si los malos resultados son evidentes, toda autoridad, presidente de directorio, directores y/o asesores, deben dar un paso al costado.

No frecuentes con improvisadores, no vaya ser que sigan aumentando de número.