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Joschka Fischer: El orden mundial desaparecido

¿Cuáles serán las consecuencias de la proliferación de desafíos armados para el orden mundial existente? 

Todo cambió cuando el presidente ruso Vladímir Putin ordenó a sus tropas que invadieran Ucrania en la madrugada del 24 de febrero de 2022, para Europa y para el mundo: el reloj de la historia volvió atrás. En el momento en que una gran potencia militar lanzó una guerra de conquista contra un vecino pacífico, volvimos a un mundo donde el poder se impone mediante la violencia y las fronteras se trazan con sangre. 

Se derrumbó el principio geopolítico definitorio de fines del siglo XX e inicios del XXI. Quedaron fuera las negociaciones pacíficas y la paz, y regresaron las demostraciones de fuerza unilaterales. Aunque hubo numerosas guerras en las últimas décadas, en su mayor parte su alcance fue regional y sucedieron en la periferia de las fallas geopolíticas. 

Los estabilizadores automáticos funcionaron de manera confiable y Estados Unidos -la única superpotencia- aún garantizaba el orden, o eso parecía. Hoy Putin desea corregir las condiciones geopolíticas prevalentes desde el colapso de la Unión Soviética, sin embargo el eje geopolítico principal del siglo XXI será la relación entre EE. UU. y China. 

Si ambas superpotencias pueden alcanzar un acuerdo estratégico y cooperar entre sí, la probabilidad de que tengamos un futuro pacífico aumentaría en gran medida. Si no... Además, el viejo orden mundial -basado principalmente en los principios liberales estadounidenses y la supremacía occidental- está perdiendo fuerza. Mientras que el conflicto israelí-palestino no es nuevo; se remonta a la época del imperio británico y la I Guerra Mundial, pero sin un marco geopolítico estable esos conflictos resultan ideales para su instrumentalización encubierta por quienes desean apoderarse del poder global o regional. 

Israel ahora está en Gaza porque se siente obligado a erradicar a una organización terrorista que recibe apoyo de Irán, su némesis regional, desde hace mucho. Al mismo tiempo, EE. UU. despachó dos grupos de portaaviones al Mediterráneo oriental para evitar que la guerra se propague al Líbano, donde Hizbulá, otro representante iraní, ha estado hostigando a Israel con drones y misiles a través de la frontera. 

La mecha que encendió Hamás el 7 de octubre dista de haberse apagado. Y sumemos la retórica cada vez más agresiva de China contra Taiwán y su reclamo de soberanía en el Mar de la China Meridional. Resulta fácil percibir cuán volátil es la situación mundial. Para aumentar aún más la incertidumbre, el mundo transita un amplio realineamiento. El Sur Global exige mayor representación y surgen nuevas alianzas y coaliciones fuera del alcance de Occidente. ¿Se convertirá la competencia de “Occidente contra el resto” en el contexto en el que decline el dominio occidental? ¿O las poderosas corrientes políticas europeas y estadounidenses alejarán a Occidente de sus estructuras de alianza tradicionales en una dirección más antidemocrática? Putin apuesta a que EE. UU. abandone sus obligaciones transatlánticas después de las elecciones presidenciales del año que viene. Da escalofríos pensar en lo que le ocurriría a Europa en ese caso. 

Sin duda está surgiendo un nuevo mundo. Se caracterizará no solo por una mayor interdependencia, sino por más inseguridad, peligro y guerra. La estabilidad en las relaciones internacionales se convertirá en un concepto extraño, de una era pasada... Algo que no supimos apreciar por completo hasta que desapareció.