deserción escolar en ecuador
Entre la violencia y el abandono: los desafíos urgentes de la educación ecuatoriana
Especialistas advierten que la violencia, la pobreza y la falta de políticas integrales mantienen a miles de niños fuera de las aulas ecuatorianas

Más de 450.000 menores no constan en el sistema educativo, una brecha que expertos vinculan con problemas sociales acumulados desde la pandemia.
Más de 450.000 niños y adolescentes permanecen fuera del sistema educativo ecuatoriano. La cifra, difundida por el Ministerio de Educación en abril del año pasado, surge de la diferencia entre los 4.059.952 estudiantes matriculados y los aproximadamente 4,5 millones de niños y adolescentes de entre 3 y 17 años registrados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).
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Una brecha que se ha acumulado desde la pandemia
Detrás de esta cifra existen historias marcadas por la pobreza, la violencia, la migración interna y el trabajo infantil. Nelson Villegas, cofundador y CEO de Cambio Educativo, advierte que el dato debe interpretarse con cautela. “Esta diferencia de los 450 mil menores no significa que todos hayan abandonado la escuela recientemente. Es una brecha que se ha acumulado desde la pandemia hasta la actualidad”, explica. A su criterio, la preocupación principal debe centrarse en cómo recuperar a estos estudiantes y garantizar que permanezcan dentro del sistema educativo.
La educación es la mejor forma de generar un cambio en la matriz cultural que necesita el país.
El especialista sostiene que el problema no se limita al acceso a las aulas. Considera que Ecuador necesita replantear el propósito de la educación y definir el perfil de ciudadano que busca formar en las próximas décadas. “Todo padre de familia sueña con una educación que forme y transforme proyectos de vida. Tendríamos que preguntarnos qué tipo de ecuatoriano queremos formar para 2040”, señala. Para Villegas, el sistema continúa enfocado en la acumulación de contenidos mientras el mundo avanza hacia modelos basados en la resolución de problemas, la creatividad y el pensamiento crítico.
Razones para la derserción escolar
Sin embargo, la exclusión educativa no puede analizarse sin observar el contexto de violencia que viven miles de niños y adolescentes. Sybel Martínez, directora de Rescate Escolar, considera que la niñez ha dejado de ser una prioridad dentro de las políticas públicas. “La violencia ya no es excepcional, se volvió parte del entorno de los niños. Creo que nos hemos acostumbrado como país a aceptar que vivan en riesgo”, afirma. Para ella, el deterioro de los derechos infantiles se refleja tanto en las cifras de homicidios como en los casos de violencia sexual, maltrato y abandono escolar.
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Uno de los datos más alarmantes es el relacionado con la violencia sexual contra menores. Martínez recuerda que durante 2025 se registraron ocho embarazos diarios en niñas menores de 14 años. “Son cifras desgarradoras que reflejan una realidad muy grave”, sostiene. A ello se suman los problemas de salud mental, el acoso escolar y la creciente exposición de niños y adolescentes a contextos violentos tanto dentro como fuera de sus comunidades.
Los niños y adolescentes no están en el centro de la política pública y eso tiene consecuencias graves.
La prevención como principal estrategia
Ante este panorama, ambos expertos coinciden en que la prevención debe convertirse en la principal estrategia. Martínez cuestiona que muchas respuestas institucionales lleguen únicamente cuando el daño ya se produjo. “Los protocolos actuales son de atención, no de prevención. Lo primero que debemos hacer es prevenir, no atender”, enfatiza. A su juicio, los centros educativos deben convertirse en espacios seguros donde los estudiantes puedan desarrollarse libres de violencia y con igualdad de oportunidades.
Desde la perspectiva educativa, Villegas plantea una transformación profunda de la escuela. “Ya no necesitamos estudiantes que repitan respuestas; necesitamos estudiantes que sepan resolver problemas”, afirma. Considera que la educación debe enfocarse en desarrollar capacidades para enfrentar desafíos reales, fomentar la innovación y fortalecer habilidades como la resiliencia, el emprendimiento y la convivencia pacífica.