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Diario Expreso Ecuador

Psicología educativa

Entre pantallas, ansiedad y aprendizaje: los nuevos retos de la psicología educativa

Especialistas analizan cómo las redes sociales, la inteligencia artificial y las secuelas de la pandemia están transformando el aprendizaje y la salud mental

La psicología educativa emerge como una herramienta clave para fortalecer la atención, la autoestima, la resiliencia y el bienestar emocional en las nuevas generaciones.

La psicología educativa emerge como una herramienta clave para fortalecer la atención, la autoestima, la resiliencia y el bienestar emocional en las nuevas generaciones.Canva

Gabriel Cornejo
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La educación atraviesa una transformación sin precedentes. La irrupción de las redes sociales, la inteligencia artificial y las nuevas dinámicas digitales ha modificado la manera en que niños y adolescentes aprenden, se relacionan y construyen su identidad. En este contexto, la psicología educativa adquiere un papel cada vez más relevante para comprender los cambios cognitivos y emocionales que experimentan las nuevas generaciones. 

Cambios en el procesamiento de información

Carmita Ramírez Calixto, docente investigadora de la Universidad de Guayaquil y decana de la Facultad de Ciencias Psicológicas, explica que las plataformas digitales han transformado profundamente los hábitos de atención de los estudiantes. “Actualmente estamos observando cambios importantes en la forma en que niños, niñas y adolescentes procesan la información

Plataformas como TikTok ofrecen contenidos breves y altamente estimulantes que activan los circuitos cerebrales asociados a la recompensa”, señala. A su criterio, esta búsqueda constante de gratificación inmediata puede generar dificultades para concentrarse, problemas de atención, alteraciones del sueño, ansiedad e impulsividad.

La especialista también se refiere al creciente uso de la inteligencia artificial dentro y fuera de las aulas. Considera que estas herramientas poseen un enorme potencial educativo, pero advierte que su utilización exclusiva para obtener respuestas rápidas puede limitar los procesos de reflexión y razonamiento. 

El riesgo no está en la tecnología, sino en la forma en que se usa. Hoy más que nunca necesitamos fortalecer habilidades como el pensamiento crítico, la comprensión lectora, la autorregulación y la capacidad de discernir entre información confiable y contenidos superficiales”, afirma.

El desafío no es únicamente formar estudiantes con buenas calificaciones, sino jóvenes que confíen en sus capacidades.Carmita Ramírez Calixto, docente investigadora de la Universidad de Guayaquil y decana de la Facultad de Ciencias Psicológicas

La tecnología como herramienta para el aprendizaje

Para el psicólogo y educador Luiggi Sáenz de Viteri, la tecnología debe entenderse como una herramienta que requiere acompañamiento y educación. Señala que muchos estudiantes han crecido rodeados de dispositivos digitales, pero no siempre cuentan con las competencias necesarias para utilizarlos de forma saludable. “El desafío de las familias y de los centros educativos es enseñar a pensar antes que simplemente enseñar a consumir información. Necesitamos jóvenes capaces de cuestionar, analizar y construir criterios propios frente a lo que ven en internet”, sostiene.

A los cambios tecnológicos se suman las secuelas que dejó la pandemia. Aunque el confinamiento terminó hace varios años, sus efectos continúan presentes en numerosos estudiantes. Ramírez explica que aún se observan dificultades para relacionarse presencialmente, participar en clase o desenvolverse con seguridad en espacios sociales. 

La tecnología requiere acompañamiento y criterio para convertirse en una verdadera herramienta de aprendizaje.Luiggi Sáenz de Viteri, psicólogo y educador

También persisten problemas de ansiedad, desmotivación académica, baja tolerancia a la frustración y rezagos en hábitos de estudio y autonomía. “No es posible hablar de aprendizaje sin considerar el bienestar emocional. Los estudiantes aprenden mejor cuando se sienten seguros, escuchados y acompañados”, enfatiza.

Sáenz de Viteri coincide en que la recuperación educativa debe ser integral. Desde su experiencia profesional, considera que las instituciones deben fortalecer los programas de apoyo emocional y trabajar de manera coordinada con las familias. “Cuando un estudiante atraviesa problemas emocionales, su rendimiento académico suele verse afectado. Por eso es fundamental detectar señales tempranas y generar espacios donde puedan expresar sus preocupaciones sin temor a ser juzgados”, indica.

Aumento de diagnósticos neuroconductuales

La inclusión educativa también forma parte de los grandes desafíos actuales. El aumento en los diagnósticos de TDAH, trastorno del espectro autista y dislexia ha impulsado una mayor conciencia sobre la diversidad de formas de aprender. Ramírez sostiene que los ajustes razonables no constituyen privilegios, sino medidas necesarias para garantizar la equidad. 

Entre ellos menciona la flexibilización de tiempos de evaluación, apoyos visuales, adaptación metodológica e instrucciones segmentadas. Además, destaca la importancia de capacitar permanentemente a los docentes para responder a estas necesidades dentro del aula.

A ello se suma la presión que muchos adolescentes enfrentan por alcanzar la perfección. Las comparaciones constantes en redes sociales y la búsqueda de calificaciones sobresalientes han incrementado problemas relacionados con la autoestima y el síndrome del impostor. “El error no es sinónimo de fracaso. Forma parte del aprendizaje y del desarrollo humano”, señala Ramírez. Desde la psicología educativa, el trabajo se orienta a fortalecer el autoconcepto, la regulación emocional y una autoestima basada en el esfuerzo y el crecimiento personal más que en los resultados.

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