estudiantes destacados
Los Barcia Cordero: una familia de abanderados en Guayaquil
Los hermanos Barcia Cordero comparten un logro singular: todos han sido abanderados en su colegio; dicen que el respaldo de sus padres ha sido fundamental

José Antonio (i), María José (c), Adriana (d) y Bernardo (videollamada) han sido destacados alumnos.
Lo que debes saber
- Los hermanos Bernardo, María José, Adriana y José Antonio tienen en común haber sido designados como abanderados en el mismo colegio.
- Su madre señala que, desde pequeños, aplicaba métodos pedagógicos para enseñarles a leer.
- Tres de los cuatro hermanos ya son profesionales, el menor aún cursa el último año del colegio.
En una misma familia, cuatro historias coinciden en un punto poco común: la excelencia académica. Los hermanos Barcia Cordero —Bernardo, María José, Adriana y José Antonio— comparten apellido, formación y también un reconocimiento que no suele repetirse con tanta frecuencia: todos han sido abanderados de su institución educativa.
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Hijos de Bernardo Barcia y Emma Cordero, los cuatro crecieron bajo una misma línea de disciplina y exigencia que, con los años, se tradujo en resultados.
Su paso por el colegio Alemán Humboldt no fue uno más; marcó una trayectoria que hoy se refleja en sus distintos caminos profesionales y personales.
“Los eduqué a los chicos, desde pequeñitos, con hábitos de estudio y de lectura. Eso fue fundamental en su proceso de aprendizaje”, dijo Emma, educadora de profesión, al analizar el éxito académico de sus hijos.
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Explicó el método aplicado en casa: “Todo les enseñé jugando. Jugando aprendieron matemáticas; les enseñé a leer con una técnica que se llama lenguaje integral. Yo rotulaba toda la casa y así los fui integrando al mundo del aprendizaje, jugando”, expresó.
Aunque cada uno alcanzó logros similares, sus carreras tomaron rumbos distintos.
Bernardo Barcia, abanderado y profesional en Alemania
El mayor, Bernardo, de 28 años, optó por la informática y llevó su formación fuera del país. Estudió en Alemania, donde actualmente vive y trabaja como programador. Salió de Ecuador hace ya una década.
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Su historia refleja una proyección internacional que comenzó en las aulas escolares y se consolidó con su decisión de especializarse en un campo altamente competitivo.
“Siempre fui buen estudiante, siempre me ha gustado aprender, siempre he sido sobresaliente y todos los profesores y mis compañeros lo notaban. Cuando tenían dudas, mis amigos venían a pedirme ayuda, como si fuera un profesor más”, manifestó Bernardo.
Dijo que ha sido un orgullo para él ver triunfar a sus hermanos en su época colegial. “Nunca les he metido presión; siempre quise que ellos sigan mi ejemplo”, reveló.
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María José Barcia halló en la medicina su vocación
María José, de 26 años, tomó un rumbo distinto, pero igual de exigente. Es doctora, una decisión que no nació solo de una vocación temprana, sino de una experiencia personal determinante: haber superado una leucemia. Ese episodio marcó su vida y orientó su futuro hacia la medicina, en una especie de respuesta a lo que le tocó enfrentar.
“Nunca fue una meta mía ser abanderada. Como siempre tuve buenas notas, pensaba que quizás sí llegaría a serlo, pero no me lo propuse como un objetivo”, explicó.
Ya en su ejercicio profesional, María José reconoce que, aunque es tímida e introvertida, encuentra satisfacción en interactuar con sus pacientes y hacerlos sentir escuchados.
“Siempre digo que es mi doble personalidad. Llego al hospital y sonrío; llega el paciente, está enfermo, irritado, y no le puedes poner una mala cara, a pesar de que te haya ido mal en algo o no hayas tenido un buen día. El paciente la tiene difícil y debes tener empatía con eso, tratar de dar lo mejor de ti”, contó.

De izquierda a derecha: Bernardo Barcia, Emma Cordero, Adriana, María José y José Antonio Barcia.
Adriana Barcia, psicóloga con un profundo amor por su país
Adriana, de 25 años, eligió la psicología. Actualmente trabaja como maestra, combinando dos ámbitos que dialogan entre sí: la educación y la salud mental. Su perfil apunta a una vocación más social, centrada en el acompañamiento y la formación de nuevas generaciones.
Al ver el éxito académico de sus hermanos, Adriana empezó a oír, entre comentarios de allegados a la familia, una presión que se repetía en voz baja: que no podía quedarse atrás, que también debía ser abanderada.
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Pero, ante esos comentarios, recibió el respaldo total de sus padres, quienes le quitaron toda la presión. “Yo, personalmente, no sentía tanto una presión, porque disfruto mucho aprender; me encanta estar en el aula, leer. Así que disfruté mucho mi tiempo en el colegio”, contó.
Ante las comparaciones, Adriana aclaró que sus hermanos tienen personalidades y gustos diferentes, pero todos siempre se mantuvieron enfocados en cumplir como estudiantes.
Confesó que siente un profundo amor por el país y que busca sembrar ese sentido cívico en sus estudiantes, fomentando el respeto por los símbolos patrios y el apego a la ciudad en la que viven.
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José Antonio Barcia, el último abanderado con miras a estudiar farmacología
El menor, José Antonio, aún está en proceso de construir su camino. Tiene 17 años y sigue en el colegio, pero ya alcanzó el mismo reconocimiento que sus hermanos: el mes pasado fue designado abanderado. Su logro, además de cerrar un ciclo familiar, reafirmó una constante que se ha repetido en cada uno de los Barcia Cordero.
Así como Adriana, José también creció escuchando comentarios que lo comparaban con sus hermanos y le recordaban que no podía quedarse atrás frente a sus logros académicos. Sus padres, nuevamente, le quitaron la presión.
“Cuando me anunciaron como abanderado, me emocioné porque no lo esperaba tanto. Sí he sido estudioso, pero, como yo veía a mis hermanos cuando eran estudiantes, no me sentía tan aplicado o al nivel de ellos. Pero estoy feliz y orgulloso de lo que logré”, comentó.
Aunque aún evalúa qué carrera seguirá al salir del colegio, adelantó que se inclina por la farmacología.
Bernardo (padre) señaló que, en casa, sus hijos tienen toda la libertad para expresarse, realizar observaciones cuando hay errores o celebrar aciertos. Y, sobre todo, Dios está en el centro de su familia.
“Jamás se los presionó; recibieron todo nuestro respaldo. Aquí, en esta casa, son libres de pensar, de decir, de hacer. Todo con responsabilidad”, manifestó el padre de familia.