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Diario Expreso Ecuador

Calidad de vida como medida de progreso

El desarrollo no son solo obras inauguradas o cifras macroeconómicas, sino ciudades seguras, limpias y diseñadas para el bienestar de sus ciudadanos

Calidad de vida es caminar por una ciudad diseñada para personas, con espacios seguros, transporte público eficiente y accesible, y parques integrados al entorno urbano.

Calidad de vida es caminar por una ciudad diseñada para personas, con espacios seguros, transporte público eficiente y accesible, y parques integrados al entorno urbano.Archivo Expreso

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Quienes sentimos interés por la demografía sabemos que el desarrollo de un país no puede medirse únicamente por el tamaño de su población o por cifras macroeconómicas. Existen otros indicadores que en realidad nos permiten entender cómo viven las personas y qué tan exitosas son las políticas públicas implementadas. Al final, el verdadero progreso se refleja en la calidad de vida de los ciudadanos.

He tenido el privilegio de vivir una parte importante de mi vida en el extranjero. Una de las cosas que más extraño de esa experiencia es la tranquilidad con la que se puede caminar por una ciudad diseñada para las personas: espacios seguros, transporte público eficiente y accesible, y parques integrados al entorno urbano donde, después de una larga jornada laboral, cualquiera puede disfrutar de la naturaleza sin depender de un carro.

Ha llegado el momento de que Ecuador exija verdadero bienestar

Sueño con un Ecuador que comprenda el enorme potencial que posee y que se transforme en el país que generaciones de ciudadanos han anhelado. Un país limpio y seguro, donde se premie el esfuerzo, pero donde también exista la posibilidad real de que cualquier persona, independientemente de su nivel de ingresos, pueda construir una familia, desarrollarse profesionalmente y disfrutar de una calidad de vida capaz de ser admirada a nivel mundial.

Como ecuatorianos, tenemos razones legítimas para sentir frustración ante la realidad que vivimos, sin embargo, esta no puede convertirse en resignación. Ha llegado el momento de exigir resultados concretos y medibles. No podemos seguir conformándonos con planes de desarrollo cuyos beneficios siempre parecen estar a 30 años de distancia. La ciudadanía necesita evidencias palpables de que su presente está mejorando. Porque la transformación de un país no se mide solo por obras inauguradas o por estadísticas económicas, sino en la tranquilidad de una madre al ver regresar a sus hijos a casa, en la existencia de espacios públicos que fomentan la convivencia y en la certeza de que el trabajo honesto permite construir un futuro mejor.

La grandeza de una nación no se encuentra en discursos ni en promesas, sino en la calidad de vida que ofrece a quienes la llaman hogar.

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