Oídos sordos

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Oídos sordos

Mal haríamos nosotros en enfocarnos en criticar a los que protestan, en generalizar tildándolos de desestabilizadores

Por un lado nos encontramos con la convocatoria a un paro nacional por parte de un líder indígena que suelto de huesos confunde litros con galones y cuyo único objetivo es crear el caos para de alguna u otra forma llegar al poder.

En la otra orilla, el Gobierno nacional nos afirma que no podemos parar, que no debemos marchar sino trabajar y que el Gobierno tendrá una mano dura, con la ley en la mano, para aquellos que pretendan cometer delitos en nombre de la legítima protesta social.

Mi abuelo me decía: "Siempre escucha las dos partes". Eso he pretendido hacer y es lo que quiero conversar con ustedes hoy.

La más clara muestra de las dos caras de la moneda la vi hoy en las noticias, cuando entrevistaban a un señor a quien a causa del paro le tocó caminar más de lo normal para conseguir transporte. A este señor lo detuvieron y le preguntaron: ¿Hoy le tocó caminar más? Y él respondió "Sí, mucho más". El reportero además le preguntó: ¿Pero está de acuerdo con el paro? Y él, irritado por la caminata de más, respondió: "En parte, sí".

La verdad, no se me ocurre un mejor ejemplo y es que hay realidades innegables, de ambos lados: la gasolina está más cara, el precio de la canasta básica ha subido, no se ha resuelto el abastecimiento de medicinas en el sistema de salud pública; pero por otro lado, este gobierno recibió un país prácticamente quebrado, la inflación "viene de afuera", el precio del petróleo no depende de nuestras autoridades y los cambios que se quieren implementar toman su tiempo.

Dicho todo esto, mal haríamos nosotros en enfocarnos en criticar a los que protestan, en generalizar tildándolos de desestabilizadores o exigir que cualquiera que proteste debe ser castigado (a los agresores, boicoteadores y paralizadores de servicios públicos, de acuerdo con la ley, se los debe procesar por el delito que corresponda).

No debemos solo decir que se dediquen a trabajar y no a marchar, haciendo oídos sordos a las necesidades y penurias que sí sufren muchos de nuestros compatriotas. El Ecuador es y será un país de hermanos.