Desnutrición infantil

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Desnutrición infantil

En los últimos 30 años, en el Ecuador se han llevado adelante alrededor de 12 programas relacionados con salud y nutrición, pero la desnutrición crónica infantil casi no se ha movido. Entre 2014 y 2018, incluso se incrementó del 24,8 % al 27,2 % en niños menores de 2 años y a uno de cada cuatro menores de cinco años (Unicef).

La principal riqueza de un país es su capital humano, si el capital humano está afectado el país no tiene futuro. La desnutrición infantil, que se ensaña con los niños de los estratos más pobres, es el resultado final del subdesarrollo y los daña mental y físicamente, impidiendo que puedan convertirse en una persona productiva en su adultez. El gobierno del presidente Lasso ha anunciado la puesta en marcha del Plan Ecuador Crece sin Desnutrición Crónica Infantil, con el cual espera trazar la hoja de ruta para reducir el índice de esta problemática, que en la actualidad nos ubica con la segunda tasa más alta de Latinoamérica.

Este programa, que todos debemos apoyar para que sea exitoso, no solo debe implicar la alimentación a los infantes desnutridos, sino desarrollar un conjunto de acciones que cubran de manera integral la problemática social que le da origen a la extrema pobreza, entre otras, la creación de hospitales de recuperación de niños desnutridos, centros de prevención de la desnutrición, que aborden la educación nutricional, lactancia materna, educación para la salud, escuelas para padres, políticas de salud activas, servicios básicos e inmunizaciones.

Un proyecto de esta envergadura es fundamental y debe encargarse a profesionales que se involucren y comprometan con el objetivo, mediante un trabajo constante a largo plazo y no al personero político de turno; pues esta es una misión permanente, una política de Estado, una respuesta de país. No importa la cantidad de gobiernos que pasen, si soñamos con ser una gran nación, con oportunidad para todos, debemos emprender esta cruzada que puede tomar más de veinte años, de labor conjunta y compartida, en la que deben participar el Estado, empresa privada, gobiernos seccionales y la sociedad entera.

“Si tienes un sueño en tu corazón y de verdad crees en él, corres el riesgo de que se convierta en realidad” (Walt Disney).