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‘Invidia’

"...el capitalismo no necesariamente valora ni la erudición ni los años de estudios sino más bien premia aquella habilidad que resulta más valiosa al mercado, por muy mundana que esta sea"

mito
"El problema es cuando la decepción se convierte en frustración, la frustración se convierte en envidia y la envidia se convierte en complejo"expreso

En la mitología romana, la diosa Invidia era la deidad que personificaba la venganza y los celos. Representaba ese sentimiento destructivo que produce el deseo de tener aquello que no se tiene y que posee un tercero, tangible o intangible. La diosa Némesis, su contraparte en la mitología griega, impartía desdichas a aquellos que habían sido favorecidos de manera excesiva por la fortuna. Desde Abel, asesinado por su hermano Caín, o Jesús crucificado por los Fariseos, la envidia ha sido tan antigua como la humanidad misma. “La envidia es -como diría José Ingenieros- una adoración de los hombres por las sombras. Es el rubor de la mejilla sonoramente abofeteada por la gloria ajena. Es el grillete que arrastran los fracasados”.

El filósofo liberal y profesor de la Universidad de Harvard, Robert Nozick escribió un interesante artículo denominado Por qué los intelectuales se oponen al capitalismo. En él elabora las principales razones por las que los intelectuales tienden a ser de izquierda. El concepto principal del ensayo es que mientras los intelectuales están en las artes, las ciencias o la academia, estos se acostumbran a ser considerados como los mejores en sus áreas de ‘expertise’. Esa condición no necesariamente aplica en el mundo real, donde los elogios tienen que enfrentar, no siempre con éxito, al cruel mercado. Eso produce un desencanto, considera Nozick, pues el capitalismo no necesariamente valora ni la erudición ni los años de estudios sino más bien premia aquella habilidad que resulta más valiosa al mercado, por muy mundana que esta sea.

Estos sentimientos de desilusión no son patrimonio exclusivo de los intelectuales. Muchos consideran que hay una injusta distribución de la riqueza en el frío mercado, por lo que resulta entendible -aunque difiera de la idea- el deseo de querer ensayar un Estado de bienestar. Si así lo decidiéramos hacer como sociedad, ojalá lo hiciéramos con un modelo como el sueco, donde el Estado de bienestar se financia con altos impuestos personales pero bajos impuestos corporativos, subsidia la demanda y no la oferta, y mantiene una economía de mercados libres.

El problema es cuando la decepción se convierte en frustración, la frustración se convierte en envidia y la envidia se convierte en complejo. Esto genera opiniones, propuestas y políticas de trasnochados que, influenciados por la diosa Invidia o Némesis, venden la idea de que la economía es una suma cero, donde si alguien crea valor para sí es porque se lo está arrebatando a otro. Su amargura los convierte en roedores del éxito ajeno y prefieren la igualdad hacia abajo que las diferencias hacia arriba, porque así buscan apaciguar sin éxito los complejos que los atormentan.

En tiempos de elecciones donde la manipulación, las ‘fake news’ y las redes tóxicas nos exponen al riesgo de labrar nuestra propia pesadilla kafkiana, elevémonos y evitemos caer en ese albañal donde medran los roedores del éxito porque, incapaces de virtud como lo advirtiera José Ingenieros, detestan a los que no pueden igualar, como si con su simple existencia los ofendieran, porque sin alas para poder elevarse hasta ellos, se conforman con rebajarlos.

¡Hasta la próxima!