Columnas

Curarse en salud

A las infecciones hay que tratarlas a tiempo y bien, bajo riesgo de generar resistencia bacteriana’.

Junio es el mes ecuatoriano de las libertades contemporáneas. Nace Alfaro un 25 de este mes y su gran revolución se inició un 5 de junio. Me tomo a pecho tan significativa coyuntura y entro directo al tema.

Ya expresé antes que en nuestro país casi nunca se vota a favor. Muy a menudo se lo hace para evitar males peores. En la reciente elección presidencial muchos votamos por Guillermo Lasso con el optimismo de que perseguiría a la corrupción.

El haber roto un pacto con el expresidente Correa guarda coherencia con esa promesa de campaña, pese al costo político que con seguridad anticipó le significaría. Queda claro que la dichosa gobernabilidad deriva del buen ejercicio gubernamental antes que únicamente los acuerdos políticos.

La reciente elaboración de un Código de Ética de los servidores públicos va en la misma dirección y ha merecido aprobación.

Por lo mismo, y con el mejor ánimo, creo que ahora la contribución óptima al régimen recién iniciado es manifestar abiertamente todo lo que genere inquietudes, desencanto.

Se dirá que está última palabra es demasiado fuerte para aplicarla a un gobierno que apenas tiene una semana actuando. Me justifico con el título del presente cañonazo: curarse en salud. Me fascina la medicina preventiva y más todavía la promoción de la salud. Sostengo que la mejor vacuna para prevenir la corrupción es la denuncia fundamentada y ya he leído unas cuantas del Colegios de Médicos del Ecuador y de algunos gremios provinciales. Sostengo igualmente que la mejor promoción anticorrupción surge de la mayor y más absoluta transparencia en los actos propios de cada cartera ministerial, poniendo en práctica las recomendaciones presidenciales de vigilar cuidadosamente la idoneidad de los nombramientos. Y eso es lo que parece estar fallando. No me atrevo a dar nombres para mantener sin lesiones a la honra ajena. En Ecuador se difama como deporte nacional pero… cuando el río suena piedras trae y, es obligación de los funcionarios públicos desvirtuar, comedidamente, las dudas que provengan de sectores calificados. ¡Queda dicho, reitero, con el mejor ánimo!