Ni los unes ni los otres

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Ni los unes ni los otres

´Lo contrario implicaría que el ático está de fiesta escuchando cada vez más de cerca la música de las bandas de la impunidad; lo contrario implicaría la traición al mandato conferido en las urnas...’.

Cual Cantinflas, ser o parecer, maquiavélicos o ingenuos, extremadamente listos o extraordinariamente idiotas; negándose a la aprobación del proyecto de ley, del informe de mayoría del proyecto de ley y absteniéndose en la votación para el archivo del mismo, dieron su voto para la victoria del Gobierno, la primera en la Asamblea.

Los unes le hicieron la jugada a los otres, por ingenuidad, por ignorancia, por acuerdos desde el ático; dicen haber pensado que quedaría archivada habiéndose negado a votar por el archivo, pensaron que negándose a todo la ley quedaría en el cajón, ¿Son, o solo quieren parecer? Solo nos queda esperar que sea la estupidez y la improvisación la que haya gobernado la decisión de esa bancada, pues lo contrario sería nefasto.

Lo contrario implicaría que el ático está de fiesta escuchando cada vez más de cerca la música de las bandas de la impunidad; lo contrario implicaría la traición al mandato conferido en las urnas, no solo del 20 % que votó por este Gobierno, sino del 35 % adicional que votó en contra de la robobolución, de la corrupción, del despilfarro. Si este es el caso, sería esta primera victoria del Gobierno una victoria pírrica, de esas que es mejor no haber logrado por el costo político asociado.

Sea cual fuere el caso, en esta ocasión el Gobierno ganó, pero ¿ganó el país? Se hace necesario un llamado de atención a ser consecuente con los ofrecimientos de campaña, con la linea de gobierno planteada desde el inicio, cuando se ofrecía reactivar la economía apoyando el desarrollo y el fortalecimiento del aparato productivo, incentivando la iniciativa privada, disminuyendo impuestos, controlando el gasto público, luchando contra la corrupción. Nada de esto se compadece con la ley de reforma tributaria enviada por el Gobierno y que ahora se ha convertido en decreto ley gracias a los unes.

Se ha aprobado una ley fiscalista, una ley que busca sacar dinero de los bolsillos de todos para que el Gobierno siga gastando sin control, como en las mejores épocas del correísmo y el morenismo. Esas épocas en las que el gasto desmedido se explicaba por la corrupción y la ineficiencia, las obras faraónicas, los elefantes blancos, tan majestuosos como inútiles, que solo se prestaron para repartir las comisiones, los sobornos, que permitieron llenar las manos ardientes robolucionarias, arrasando con el erario e hipotecando el futuro del país.

¿Qué explica ahora que el gasto público en este gobierno siga la misma tendencia que en aquellos gobiernos? Se presenta un presupuesto con gastos superiores a los de años anteriores, en un claro signo de no poder poner la casa en orden; pero asombra aún más la expectativa de que hasta el 2023 no se habría logrado.

La ley aprobada apunta a recaudar una parte, la del impuesto patrimonial, en el 2022; pero la mayor parte, la que incluye los incrementos en el impuesto a la renta y la eliminación de las deducciones, recién surtirá efecto para el pago de impuestos de la renta del 2022 que se realizará en el 2023. Es decir, para esas fechas aún el Gobierno piensa que no podrá haber controlado el gasto mórbido, que no va a poder adelgazar el Estado obeso, que no habrá podido controlar los gastos excesivos que devienen de la corrupción.