Columnas

Rompamos todo

Nos odian. En el Día de la Mujer anuncian que van a vetar la ley que norma el aborto por violación, que ya está despenalizado

Nos odian. Eso fue lo primero que pensé luego de ver la represión policial a las mujeres en las marchas del 8M en Guayaquil y Quito.

Que somos vándalas es la excusa que han querido sembrar en redes sociales. Porque pintamos paredes, o porque -según dice la Policía- se accedió a espacio restringido, aunque las marchas tenían permisos.

Piensan que debemos mantenernos calladas y recibir con una sonrisa esos mensajes rosaditos de igualdad y de erradicación de la violencia. Horas más tarde, atacan con gases lacrimógenos a familias enteras: padres que aún reclaman la muerte de sus hijas víctimas de femicidios, mujeres que todavía no encuentran justicia por maltratos, abuelas que fueron abusadas y nadie les creyó, madres que todavía lloran la violación de sus hijas, y niñas que aún son obligadas a parir de su violador.

Nos odian. En el Día de la Mujer anuncian que van a vetar la ley que norma el aborto por violación, que ya está despenalizado.

Todo esto parece la antesala de una película de terror que el Gobierno se dispuso a contar hace meses. Empezó en noviembre del año pasado con aquel "spot" contra la violencia de género, cuya protagonista era una mujer que maltrataba a su hija. No fue un error: todo está calculado para que no nos quejemos, para que no cuestionemos, para que nos quedemos calladas.

Las acciones, se sabe, dicen más que las palabras. Atrás quedaron las promesas para gobernar un país laico. Atrás quedó esa carta que ofrecía respetar lo sentenciado por la Corte Constitucional. Callan hasta a la Secretaría de Derechos Humanos, que ha demorado en emitir un comunicado tibio y escueto.

La historia de la humanidad demuestra que ninguna revolución por las reivindicaciones sociales de las minorías se hizo en silencio, sin romper un plato. Hombres y mujeres valientes pagaron un alto precio por no dejar que pisoteen nuestros derechos.

Se escandalizan por las paredes, pero se les olvida que cada 44 horas asesinan a una mujer. Por ellas, y por las 3 mil niñas violadas y obligadas a parir, hay que romperlo todo.