Juego peligroso

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Juego peligroso

Distraídos por el circo intrascendente de la política y los últimos escándalos judiciales, olvidamos que en el universo de la empresa y el empleo hay un país que está dando pasos en la dirección correcta’.

Ecuador necesita, como cualquier país que quiere progresar -que no es lo mismo que ser progresista- fortalecer su tejido empresarial, la fuente por antonomasia del empleo que genera valor. El empleo privado, a diferencia del público, no se financia con impuestos, sino con la inversión y la productividad de las empresas. Y el empleo, va de Perogrullo, es el más importante pilar de la salud social. Un país en el que, si tomamos las estadísticas de los últimos 20 años, apenas 4 de cada 10 potenciales trabajadores tienen un empleo formal, debería posponer cualquier tema de la agenda política hasta no alcanzar un acuerdo nacional cuyos objetivos esenciales sean la promoción del sector empresarial y la generación de empleo de valor, dos caras de la misma moneda.

Son manifiestos los enemigos de estos objetivos nacionales: entre otros, la clase política en todo su abanico, enredada siempre en el fango de su mezquindad y cortoplacismo; el grupo de Puebla y sus embajadores locales, afanados en la impunidad y en secuestrar el poder a cualquier precio; el crimen organizado; la inefable dirigencia indígena. Pero con este bloqueo siempre se cuenta; lo que no puede suceder es que los del campo de la libertad y la democracia le hagan coro a los agoreros del fracaso.

En pos del gran objetivo nacional de marras, más allá de los errores que hay en varios frentes, el gobierno de Lasso ha puesto lo suyo: se respira un aire de libertad y tranquilidad que se había contaminado desde 2003, y desde entonces la confianza empresarial no ha visto mejores indicadores que en el último año, en que se han concretado compromisos de inversión por cifra superior a la acumulada en varios años de anteriores administraciones -sin confianza no hay inversión-. Distraídos por el circo intrascendente de la política y los últimos escándalos judiciales, olvidamos que en el universo de la empresa y el empleo hay un país que está dando pasos en la dirección correcta.

Peligroso juego el que se hace prestándole oídos y cajas de resonancia a los agentes del bloqueo. No es esta la hora de la queja y el desaliento, ni de pedirle más al gobierno de turno, sino el momento, quizás el único que nos ofrezca la historia sino queremos que se repita, de redoblar con trabajo, emprendimiento, iniciativas empresariales y mentalidad constructiva, el aporte privado a la consolidación de un Ecuador democrático y libre.