La habilidad inútil de la que nadie habla
El avance de la IA obliga a replantear el valor de las humanidades y la necesidad de formar profesionales capaces de pensar más allá de la solución técnica

El avance de la inteligencia artificial plantea nuevas preguntas sobre el futuro del trabajo y el papel que tendrán la filosofía, la literatura y otras humanidades.
“Necesitamos más soldadores y menos filósofos”, dijo Marco Rubio durante las primarias presidenciales del Partido Republicano en 2015. Seamos honestos, la mayoría hemos pensado lo mismo alguna vez. Vivimos en un mundo donde se premia más la técnica que el pensamiento, porque el mercado ha entrado en todas las esferas de la sociedad y nos reclama que seamos especialistas en algo.
Ciencia y Tecnología
¿Adiós a los limpiadores? Robots humanoides cobran $30 la hora por limpiar casas
Juan Páez
El valor de lo aparentemente inútil
Hoy le damos tanta importancia a la especialización, que sin darnos cuenta dejamos de lado algo más importante: la capacidad de hacer preguntas, de entender la realidad completa, no solo la parte que nos piden resolver en un trabajo. Lo que deriva a que, desde pequeño, en mi casa me hablaban de la importancia de ser útil, de estudiar algo que me sirva para conseguir un trabajo. Se me hablaba con cierto desprecio de materias inútiles como literatura, filosofía o historia.
Sin embargo, recientemente me encontré con una entrevista de Daniela Amodei, presidenta y cofundadora de Anthropic, que decía que “estudiar humanidades será más importante que nunca”. Viviremos en un mundo donde las actividades propiamente humanas serán cada vez más importantes, como liderar, comunicar, trabajar en equipo y saber hacerse preguntas. ¿Cómo es posible que de 2015 a 2026 se haya cambiado ese pensamiento, si definitivamente las humanidades son necesarias en la lucha contra la catástrofe que puede causar la IA al dejar de lado lo humano? Nunca dejaremos de necesitar ingenieros, médicos o programadores.
Un ingeniero también necesita filosofar
Estas ideas surgieron de cuestionarme si vale la pena resolver un problema, ya que la respuesta a todos nuestros problemas no solo debe estar en la solución técnica, más bien necesitamos gente que se pregunte si vale la pena resolverlos. Un ingeniero que filosofa no es menos ingeniero, tiene sentido crítico. Formamos líderes que entienden el mundo en el que viven y saben hacia dónde quieren llevarlo. Cuando la técnica entra en el núcleo de la sociedad, las personas dejan de ser capaces de responder las preguntas fundamentales del ser humano. No perciben la utilidad de lo aparentemente inútil.
Carlos Carbo Cassis