Mucha inteligencia no deja pensar claro
Por decisiones insensatas un vecindario no puede regresar a la época de la caverna
Dios alimenta a las aves pero no les lleva comida al nido, ellas salen a buscarlo. Así es el hombre esforzado que cada mañana busca el sustento para su hogar, entre ellos, los vendedores de gas, quienes circulan por las diferentes calles del Puerto Principal. Algunos trabajan en forma tradicional, gritan su producto; otros son creativos, usan megáfonos manos libres con grabaciones donde publicitan su producto: “Viene el gas, viene el gas”, acompañado de música de impacto, actividad que no ofenden a nadie; por el contrario, permiten a las amas de casa saber cuándo está cerca mientras realizan sus quehaceres domésticos, lo cual no permite estar asomada viendo la vida ajena.
Las decisiones que una persona tome no deben hacerse con criterio unilateral, debido a que no habita en isla desierta. De repente sucede una escena propia de la dimensión desconocida, como cuando una galena impidió el ingreso del vendedor de gas a la cuadra, alegando que es “atrevido” porque la publicidad empleada insultaba su inteligencia ya que “ella es la más inteligente” y al verlo ya sabe lo que vende. Por decisiones insensatas un vecindario no puede regresar a la época de la caverna.
Ec. Marysol del Castillo