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Diario Expreso Ecuador

Capitalismo de Estado

China no es marxista, opera bajo el capitalismo de Estado, con lucro privado y participación fuerte en la dirección de la economía y propiedad de parte de ella

En el capitalismo de Estado de China (vista de Shanghái) el sector privado es enorme, así como la generación de riqueza para personas, pero el Estado participa también con sus empresas.

En el capitalismo de Estado de China (vista de Shanghái) el sector privado es enorme, así como la generación de riqueza para personas, pero el Estado participa también con sus empresas.Canva

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Algunas personas piensan que China es socialista, especialmente porque al ser un contrapeso de EE.UU. seguramente existe un modelo ideológico totalmente opuesto. Siempre les queda en el tintero el papel de Rusia; los confunde. El punto es que China hoy no es marxista, pero ha escogido un modelo, al menos en esta etapa, no perfectamente simétrico con lo escrito en los libros sobre el capitalismo, o como lo creemos tradicionalmente. 

Ni marxismo, ni capitalismo puro

China ha escogido el capitalismo de Estado. En este modelo con enorme fuerza las empresas, tanto privadas como públicas, compiten en el mercado para la generación de lucro en lo local como en lo internacional, pero el Estado es un gran gestor que señala la dirección de la economía y los sectores que se deben priorizar. A diferencia del socialismo, donde los medios de producción son propiedad plena del Estado, en el capitalismo de Estado el sector privado es enorme y por tanto la generación de riqueza para personas lo es también, pero el Estado participa con sus propias empresas, o con una proporción en empresas privadas. Es decir, toma del socialismo tradicional una participación fuerte en la dirección de la economía y propiedad de parte de ella, pero toma del capitalismo la participación de individuos sobre los medios de producción, tanto como la gestión de mercado de aquellos. China ha dado un salto cuántico en cuanto a PIB y PIB per cápita, respecto del socialismo maoísta que vivió.

En menor proporción, Noruega tiene su inmenso fondo soberano, que participa en muchos sectores, y Singapur tiene Temasek Holdings, que participa y promueve inversiones, pero ninguno en las proporciones de China. El punto clave tiene que ver con el acompañamiento político-democrático de ese modelo económico.

En todo el mundo se ha demostrado que las empresas públicas que ofrecen bienes y servicios terminan siendo nidos de corrupción y a la larga de ineficiencia; Ecuador tiene mil ejemplos cuyo listado no cabría en esta columna. ¿Podrá China sostener el modelo si aspira en el futuro a ser un país democrático? Quizá les guste el modelo a otros autoritarios. Veremos.

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