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Diario Expreso Ecuador

Gobernar desde las redes sociales

Las redes sociales cambiaron la legitimidad política, al punto que la viralidad, la inteligencia artificial y las plataformas hoy condicionan la democracia

Tras  el debate surgido en redes sociales por el modelo elegido para el nuevo Museo Nacional (MuNa), este fue rechazado por el Gobierno.

Tras el debate surgido en redes sociales por el modelo elegido para el nuevo Museo Nacional (MuNa), este fue rechazado por el Gobierno.Archivo Expreso

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Hace unos días debatíamos con un amigo respecto a la influencia que tienen en la actualidad las redes sociales para cambiar decisiones desde el poder. Aunque es un fenómeno que tiene casi dos décadas desde el aparecimiento de Facebook, después de la pandemia se ha profundizado y su impacto en el ejercicio de cualquier gobierno es cada vez más grande.

“No se puede gobernar por las redes sociales”, me contestó. Y tiene razón. Sin embargo, ¿se podría pensar que hoy “la voz del pueblo” está expresada allí, detrás de cada cuenta de X, Instagram o TikTok?

Una nueva esfera de autoridad

Las redes sociales se han convertido en una nueva esfera de autoridad. Fenómenos electorales como el de Bukele, Milei o De la Espriella nos permiten confirmar que ya no se llega al poder desde las plazas, sino desde las plataformas. Bukele construyó su carrera política en Twitter antes de ser alcalde y en TikTok antes de ser presidente; Milei celebra las métricas de sus publicaciones con la misma euforia con la que otros celebran una ley aprobada. Ambos comparten la comunicación directa, sin intermediarios, saltándose a las instituciones que durante siglos mediaron entre el poder y el ciudadano.

El Ecuador tampoco ha estado fuera de esta realidad: en la segunda vuelta electoral del 2021, el entonces candidato Guillermo Lasso reenfocó su estrategia hacia TikTok, consiguiendo resultados positivos. En la campaña del año 2023, posterior a la ‘muerte cruzada’, Daniel Noboa fue quizás el primer candidato en la historia del país en utilizar influenciadores digitales como voceros naturales de su mensaje.

Este cambio de paradigma en la fuente de la legitimidad lo advirtió el filósofo Byung-Chul Han hace unos años, asegurando que las masas ya no se organizan en partidos articulados, sino que se disuelven en enjambres digitales, unidades aisladas que vuelan sin rumbo tras una supuesta verdad. Y quien logra capturar ese enjambre, gobierna sin necesidad de ‘auctoritas’ tradicional: ni los medios y ni los partidos conservan hoy esa autoridad moral que antes refrendaba el poder. La respalda, en cambio, la viralidad.

Repensar la democracia desde otra óptica

Cuando las redes influyen en el poder y en las decisiones públicas tenemos un reto mayor, pues lo que es verdad ya no lo define la razón pública ni la institucionalidad, sino el algoritmo y el ‘like’, gobernando entonces sobre una base epistemológica frágil. Y esa fragilidad se agrava con la inteligencia artificial. Investigaciones recientes confirman que los ‘deepfakes’ detectados como falsos dejan una huella de duda permanente sobre la figura política real, lo que se conoce como el “dividendo del mentiroso”. Ya no hace falta engañar del todo sino que basta con sembrar la sospecha.

Estamos, entonces, ante una crisis doble. Por un lado, al poder se llega cada vez más desde el enjambre digital y no desde la institucionalidad republicana. Por otro, ese mismo enjambre es manipulable con tanta precisión tecnológica que podría afectar en las decisiones del gobernante.

No se trata de satanizar las redes, pero si el poder y la autoridad se construyen hoy en una pantalla telefónica, la democracia necesita repensarse desde esa óptica. Se requiere un debate urgente de cuándo un debate en las redes puede cambiar una decisión de política pública (o el diseño de un museo).

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