¿Es coherente el no a la guerra de Pedro Sánchez contra Donald Trump?
Las recientes declaraciones de Susan Sarandon sobre Pedro Sánchez reavivan el debate sobre la coherencia entre la postura internacional del presidente español

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en una foto de archivo.
El 28 de febrero de 2026, Susan Sarandon recibió en Barcelona el premio internacional del certamen de cine de los Goya y, en rueda de prensa, declaró su admiración por el presidente español Pedro Sánchez, a quien encuentra alto y guapo. Como dijo, aunque sabe poco sobre él, siempre lo ve en el lado correcto de la historia: por su denuncia de la guerra en Gaza, el reconocimiento de Palestina como Estado, la negativa a aumentar el gasto militar al 5 % en la OTAN, su oposición a Trump, al caso de Maduro en Venezuela y al ataque contra Irán, así como por defender la negociación y evitar la guerra.
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Posturas internacionales y cálculos políticos
Ciertamente, Sánchez es alto y atractivo, pero como dice Sarandon, no lo conoce bien. Aunque se valora que se oponga a las acciones de Trump y Netanyahu cuando muchos países no se atreven, y puede compartir esas ideas, también parece que su postura responde a intereses electorales, ya que las encuestas predicen una posible derrota frente a la extrema derecha.
Con este enfrentamiento, busca recuperar votantes y derrotar al PP y Vox. Pero esta postura internacional es anecdótica.
Cataluña, la prueba de coherencia
En cambio, su posición sobre el conflicto con Cataluña sería determinante: permitir el derecho a la autodeterminación, como defiende para Palestina. Sin embargo, en su propio país no adopta esa posición, sino que se alinea con el poder y niega a los catalanes la posibilidad de decidir democráticamente.
Los catalanes recuerdan su apoyo al artículo 155, el espionaje con Pegasus a independentistas y la infiltración policial en movimientos sociales.
El debate sobre el trato fiscal y político
Además, denuncian un expolio fiscal continuado y el incumplimiento de inversiones, como en 2021, cuando Cataluña recibió solo el 36 % de lo presupuestado frente al 184 % en Madrid. Así, se busca pacificar sin permitir decidir.
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Agencia EFE
Por eso, no se le pide que abandone su defensa de la paz y la legalidad internacional, sino que sea coherente: que aplique en España los mismos principios que defiende fuera y reconozca el derecho de Cataluña a la autodeterminación.
Jordi O. Folch