El centro de Guayaquil: reducto de prostitución

  Cartas de lectores

El centro de Guayaquil: reducto de prostitución

¿Es este el Guayaquil de mis amores que queremos? La pregunta queda sin respuesta.

Hace unos meses escribí una carta que el director de Expreso gentilmente publicó. En ella clamábamos porque el centro de Guayaquil vuelva a ser el emblemático barrio que fue. Sin embargo, las autoridades, no leyeron, no sintieron la petición y todo quedó como siempre, en nada. Nuestro clamor es por la paz que necesitamos las familias guayaquileñas durante las noches, cuando el reposo es necesario. Vivo en el centro, muy cerca del hotel Oro Verde, de la Casa de la Cultura, y con mucha pena vemos, como la Av. 9 de Octubre es ahora reducto de prostitutas, homosexuales y travestis. El malestar ha recrudecido pues la pelea de territorio entre ecuatorianas y venezolanas es a diario, adicional a la pelea con el chulo maltratador que las espera con la contabilidad a mano para quitarles el dinero producto de su trabajo. Vivir en este ambiente malsano es terrible, sentir la aspereza de la vida en la vida de estas jóvenes, es bastante duro. No me atrevo a criticarlas porque no sé sus necesidades, pero sí critico a las autoridades que no tienen fuerza suficiente para reubicarlas. Es bien deprimente verlas negociando sus favores: a viva voz gritan que cuesta $ 30 y de inmediato, la competencia baja a $ 20. Entonces es cuando se forma el lío porque una encima de la otra, avivadas por las amigas, no respetan nada, absolutamente nada. Espero que las autoridades entiendan el grave problema social que enfrentamos. No es la primera vez que escribo pidiendo auxilio y no será la última. En algún momento habrá alguna autoridad que tome asunto a esto. Vivimos en un sector antiguo, cerca un asilo de ancianas, un hotel importante en la ciudad, un sector que se espera sea atractivo turístico cuando se inaugure la Aerovía, un sector lleno de actividades malsanas, de prostitutas, de proxenetas… ¿Es este el Guayaquil de mis amores que queremos? La pregunta queda sin respuesta.

Martha Valencia