No llores, actúa
Las señales climáticas en Ecuador y el mundo ya no son presagios: son alertas para anticipar pérdidas, adaptar economías y prepararnos ante el cambio

Iván Vallejo recordaba esta semana cuánto hielo han perdido el Cotopaxi y el Chimborazo al reflexionar sobre el desastre reciente en el Himalaya.
En el río Elba, a la altura de Děčín, una piedra lleva grabada desde 1616 una advertencia: “Si me ves, llora”. Es una de las llamadas piedras del hambre. Quedaban expuestas cuando el agua bajaba tanto que la sequía amenazaba cosechas, molinos, transporte y comida. No hacía falta comprender el clima para reconocer sus señales.
Quizá por eso conservamos cierta fascinación por los presagios. Un piquero pardo, especie muy rara en Galápagos, apareció esta semana en Santa Cruz. Días antes, un pez de unos tres metros terminó varado en Ayangue. En otras épocas habríamos encontrado algún mensaje de los dioses, del mar o de la naturaleza. La idea es lírica, pero innecesaria: hoy tenemos explicaciones mejores.
Internacional
El desastre que mantiene en alerta a Nepal: miles siguen desaparecidos
Gabriela Alejandra Echeverria Vásquez
El Pacífico ecuatorial oriental registra anomalías de temperatura superiores a dos grados y El Niño se fortalece. Europa atraviesa una sequía histórica. Los glaciares retroceden. Iván Vallejo recordaba esta semana cuánto hielo han perdido el Cotopaxi y el Chimborazo al reflexionar sobre el desastre reciente en el Himalaya. No todo animal fuera de sitio, sequía o deslave puede atribuirse al calentamiento global. Pero la tendencia general está medida y sus consecuencias son previsibles.
Conocimiento, prevención y oportunidades
Ahí está la diferencia entre quien grabó aquella piedra y nosotros. Para él, verla significaba que ya era tarde: tocaba llorar. Nosotros podemos medir temperaturas, modelar lluvias, anticipar inundaciones, reforzar infraestructura, cambiar cultivos, asegurar activos y decidir dónde construir. El conocimiento no elimina nuestra pequeñez frente a los elementos, reduce nuestra indefensión.
Internacional
El temor a una nueva riada en Nepal desata el éxodo y complica las labores de rescate
Agencia EFE
Y permite algo más que precaverse. Los grandes cambios naturales siempre redistribuyeron riqueza, población y oportunidades. Cambian el valor de la tierra, las rutas, los cultivos, la energía y hasta las ciudades. El clima que viene traerá pérdidas, pero también desplazará capital hacia quienes entiendan antes qué dejará de funcionar y qué hará falta después.
La piedra de Děčín decía: si me ves, llora. Cuatro siglos de conocimiento después, verla debería decirnos algo distinto: prepárate.