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Diario Expreso Ecuador

El colapso del orden global: ¿Hacia una era de impunidad internacional y esferas de influencia?

Expertos analizan el deterioro del orden internacional y el impacto global de la disputa por Taiwán ante la imprevisibilidad de las potencias

El mapa ilustra las disputas de influencia en Asia y el rol de las potencias globales.

El mapa ilustra las disputas de influencia en Asia y el rol de las potencias globales.foto: Expreso

Valeria Alvear
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Lo que debes saber 

  • El orden legal global, vigente por más de 80 años, está en crisis debido a la imprevisibilidad política de las potencias y al irrespeto sistemático a las normas internacionales.
  • Taiwán representa un punto neurálgico para la economía del planeta por su "escudo de silicio", al concentrar cerca del 90% de la producción de los microchips más avanzados.
  • Sin reformas estructurales al Consejo de Seguridad de la ONU y su derecho a veto, el mundo arriesga un peligroso retorno a esferas de influencia y a la imposición de la fuerza.

La estabilidad internacional edificada tras la Segunda Guerra Mundial se encuentra en terapia intensiva. El multilateralismo, la gobernanza global y los principios de soberanía parecen ceder terreno frente al retorno de la fuerza bruta y el pragmatismo geopolítico. La reciente cumbre entre los mandatarios de Estados Unidos y China en Pekín, con la isla de Taiwán atrapada en la línea de fuego, funciona como el síntoma definitivo de un sistema legal internacional que se desgasta a pasos agigantados.

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El diagnóstico de los expertos: Un sistema internacional en crisis

Para Henry Carrascal, experto en derecho internacional público, la actual coyuntura está marcada por la imprevisibilidad. "Con la ambigüedad de la política exterior de Trump, el análisis tiene que provenir de un pitoniso, un futurólogo, casi casi un adivino, porque es tan ambiguo, tan imprevisible", explica. Sin embargo, la ventaja táctica en este encuentro pareció inclinarse hacia el lado asiático. Al haber sido China la anfitriona, Carrascal señala que "ya políticamente hay un buen logro, una gran ventaja: que venga el otro a mi casa a conversar"

Por su parte, Esteban Santos, abogado internacionalista, coincide en que el orden internacional que rigió al mundo por poco más de 80 años se encuentra "en coma". Santos invoca las advertencias del historiador Tucídides y las dinámicas de la Antigua Grecia para ilustrar el peligro latente entre una potencia establecida y una emergente: "De 16 veces que se da este cambio de hegemonía, el poder emergente al poder establecido, 12 de esas veces acabó en guerra". 

Ante este panorama, añade que el mensaje actual es devastador: "Si quien crea las leyes es el primero en no respetarlas, el resto del concierto internacional te dice: bueno, ¿y yo por qué?".

El "escudo de silicio" y la importancia estratégica de Taiwán

Taiwán no representa únicamente una disputa cívica o patriótica para Pekín; es el corazón neurálgico de la tecnología global. Carrascal recuerda que en la isla se produce cerca del 90% de los semiconductores y microchips más avanzados del planeta. "La inteligencia artificial fuera impráctica o materialmente imposible de desarrollar sin estos elementos taiwaneses", advierte, subrayando que una afectación en su estabilidad paralizaría el progreso industrial de Europa, Estados Unidos y el resto de Asia. Geográficamente, además, el estrecho de Taiwán es la vía por donde circula la mayor parte del comercio asiático.

Esta supremacía tecnológica ha construido lo que Santos define como el "escudo de silicio". A pesar de ser una pequeña isla que hace medio siglo era habitada mayoritariamente por pescadores, hoy se ubica en el top 20 de las economías más desarrolladas. No obstante, este escudo podría fisurarse debido a las posturas de la Casa Blanca. Santos destaca la contradicción del discurso estadounidense, citando declaraciones donde Donald Trump alega que en Taiwán "se nos robaron nuestros chips en su momento" para justificar la migración de fábricas a Texas y Arizona.

El derecho internacional frente a la fuerza coercitiva

La viabilidad jurídica de Taiwán como Estado soberano e independiente abre un debate profundo en la academia. Cuenta con fronteras delimitadas, ejército, moneda, elecciones y una constitución. Para Esteban Santos, la definición tradicional del derecho internacional "le quedó corta" al no poder asimilar el estatus de un territorio con índices mínimos de criminalidad y servicios públicos de primer mundo, bloqueado por organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) por presiones de la China continental.

El gran obstáculo radica en la ausencia de reconocimiento internacional pleno y en el diseño institucional de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Henry Carrascal explica que el ingreso de Taiwán a la ONU es materialmente imposible debido a la estructura anacrónica de su Consejo de Seguridad, donde China posee derecho a veto. "No importa que los catorce miembros voten favorablemente... si uno se opone, ese proyecto será archivado", detalla.

Asimismo, Carrascal enfatiza la mayor debilidad del derecho internacional público: su falta de capacidad coercible en comparación con el derecho interno de los países. "Naciones Unidas no tiene una directa capacidad coercible... porque no tiene una fuerza militar propia". Esto se traduce en la incapacidad de frenar agresiones, tal como se evidencia en la inacción frente a los conflictos entre Ucrania y Rusia o Israel y Palestina.

Un hombre lee un periódico en Pekín sobre la visita de Donald Trump a Xi Jinping.

Un hombre lee un periódico en Pekín sobre la visita de Donald Trump a Xi Jinping.Greg Baker / AFP

¿El retorno a las esferas de influencia de la Guerra Fría?

El debilitamiento de principios básicos como la no injerencia y la autodeterminación de los pueblos genera temores fundados sobre el futuro global. Al ser consultados sobre si el planeta se dirige hacia un esquema basado en zonas de influencia al estilo de la Guerra Fría, ambos expertos anticipan un escenario potencialmente más inestable.

Carrascal argumenta que la situación actual podría tornarse "peor que eso". Explica que, durante la Guerra Fría, las superpotencias respetaban ciertos mínimos jurídicos y evitaban choques directos, midiendo sus fuerzas de manera indirecta en terceros escenarios como Vietnam o Afganistán. 

Sin reformas urgentes que democraticen el Consejo de Seguridad y eliminen el "taco" que genera el poder de veto, el riesgo es el quiebre absoluto del sistema. "Se terminaría imponiendo la fuerza a la razón del derecho. Y eso para la humanidad es catastrófico", sentencia.

Santos, por su parte, evoca la célebre frase de Mark Twain: "La historia no se repite, pero a veces rima". Remarca que un esquema bipolar obliga a los países en vías de desarrollo a alinearse incondicionalmente, un retroceso histórico que anula la integración regional propia de bloques como la Comunidad Andina o la OEA. Si las naciones no poderosas no asimilan la necesidad de defender el principio fundamental del pacta sunt servanda —el cumplimiento de las obligaciones de buena fe—, el destino inevitable del concierto internacional será quedar bajo la sombra "del Tío Sam o de este lado del panda".

La disputa por Taiwán refleja precisamente ese nuevo escenario: uno donde democracia, soberanía y derecho internacional chocan con intereses estratégicos, económicos y militares.

Y donde las reglas que durante décadas intentaron evitar nuevas guerras parecen depender, cada vez más, de quién tiene el poder suficiente para imponerlas.

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