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Diario Expreso Ecuador

El Gobierno le lava la cara al correísmo

Ni en sus mejores sueños Correa y su jorga pudieron imaginar una campaña tan eficaz en beneficio de una corriente política identificada con el autoritarismo

Rafael Correa y el correísmo vuelven al centro del debate político por las acusaciones contra quienes critican al Gobierno.

Rafael Correa y el correísmo vuelven al centro del debate político por las acusaciones contra quienes critican al Gobierno.Archivo

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De tanto decir que quienes se quejan por las violaciones a los derechos humanos son correístas, los correístas serán vistos como lo que nunca fueron ni son: defensores de los derechos humanos.

De tanto decir que quienes denuncian el autoritarismo lo hacen porque son correístas, la gente terminará creyendo que los correístas son lo que no son: demócratas y antiautoritarios.

De tanto decir que quienes denuncian que se utiliza la justicia para perseguir a los adversarios políticos son correístas, los correístas serán considerados como un grupo que cree en la independencia judicial; es decir, exactamente lo contrario de lo que son.

Cuando el correísmo termina apareciendo como víctima

De tanto decir que quienes rechazan la concentración del poder y la cooptación de todas las funciones del Estado son correístas, habrá gente -sobre todo jóvenes- que terminará creyendo que el correísmo cree en la democracia. Nada más lejos de la realidad, lo de ellos es Nicolás Maduro, Daniel Ortega y Miguel Díaz-Canel.

Y también está el tema del uso del sistema electoral para proscribir partidos. Ahora resulta que los correístas, maestros creadores del sistema, son las víctimas de su propia creación y por eso hoy tienen la oportunidad dorada para convertirse en los adalides del derecho a la participación política. Por todo esto, y por mucho más, el operativo de acusar de correísta a todo aquel que se opone a los abusos del Gobierno es la mejor campaña imaginable para lavarle la cara al correísmo.

Ni en sus mejores sueños Correa y su jorga pudieron imaginar una campaña tan eficaz en beneficio de una corriente política identificada con el autoritarismo y la corrupción, que controló el país durante una década. Porque, por ejemplo, de tanto acusar de correístas a quienes denuncian la corrupción en casos como Progen, el correísmo terminará siendo elevado a los altares por una virtud que jamás tuvo: la honestidad.

La paradoja es todavía mayor si se considera quiénes encabezan esta cruzada. Muchos de los más empeñados en tachar de correístas a quienes hoy defienden la democracia fueron quienes menos enfrentaron al correísmo cuando este ejercía el poder. Incluso hay operadores dedicados a lanzar ese mensaje que, durante aquellos años, figuraban entre los más fervientes defensores del prófugo Rafael Correa. Lo menos que puede hacer el correísmo es dar las gracias por todo esto.

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