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Diario Expreso Ecuador

25 años del 11s

El 11S que unos recuerdan y otros estudiaron: una generación creció con sus consecuencias

A 25 años del 11 de septiembre, una generación recuerda los atentados en vivo y otra conoce sus imágenes como parte de la historia

Fotografía del 31 de agosto de 2026 que muestra una flor puesta en el Monumento y Museo Nacional del 11 de Septiembre en Nueva York (Estados Unidos).

Fotografía del 31 de agosto de 2026 que muestra una flor puesta en el Monumento y Museo Nacional del 11 de Septiembre en Nueva York (Estados Unidos).EFE

Giannella Espinoza

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A 25 años de los atentados contra las Torres Gemelas, millones de jóvenes no tienen un recuerdo propio de aquel día. Para ellos es historia; para quienes lo vieron en directo, el 11S marcó el inicio de una época atravesada por el terrorismo, las guerras y nuevos controles de seguridad.

Tenía 14 años y estaba en cuarto curso cuando ocurrió el atentado contra las Torres. Ese día había fallecido la abuela de una amiga y, al terminar las clases, varias fuimos a la casa de otra compañera para cambiarnos antes de acompañarla. Encendimos el televisor y nos encontramos con imágenes que entonces resultaban difíciles de comprender y que hoy forman parte de la historia: edificios envueltos en humo, personas corriendo por las calles de Nueva York y, posteriormente, las torres desplomándose después de haber sido impactadas por dos aviones secuestrados.

Era el 11 de septiembre de 2001 y todavía no sabíamos hasta qué punto lo que veíamos en aquella pantalla iba a transformar el mundo en el que creceríamos. Los atentados perpetrados por Al Qaeda dejaron cerca de 3.000 muertos en Estados Unidos y desencadenaron cambios políticos, militares y sociales cuyos efectos continúan 25 años después. Para una generación, además, aquella mañana quedó asociada a un recuerdo personal; para otra, se convirtió en un acontecimiento que conoció mucho después a través de sus padres, las aulas, los documentales o Internet.

Fotografía del 31 de agosto de 2026 que muestra a una mujer tomando una fotografía de una viga de acero durante la exhibición permanente en el Monumento y Museo Nacional del 11 de Septiembre, en Nueva York (Estados Unidos).

Fotografía del 31 de agosto de 2026 que muestra a una mujer tomando una fotografía de una viga de acero durante la exhibición permanente en el Monumento y Museo Nacional del 11 de Septiembre, en Nueva York (Estados Unidos).EFE

Esa diferencia generacional se hizo evidente hace poco, mientras conversaba con uno de los jóvenes de mi equipo y le relataba aquella experiencia. Le pregunté qué recordaba del 11S de 2001. La respuesta fue sencilla: nada, porque tenía dos años. La conversación puso en perspectiva lo que significa realmente que haya transcurrido un cuarto de siglo. Mientras algunos podemos identificar dónde estábamos cuando vimos caer las Torres Gemelas, millones de adultos jóvenes eran bebés, todavía no habían nacido o no tenían edad suficiente para comprender lo que estaba ocurriendo.

Del recuerdo personal a los libros de historia

La distancia generacional también puede medirse. Alrededor de 100 millones de estadounidenses no habían nacido cuando ocurrieron los atentados o eran demasiado pequeños para recordarlos, según Beth Hillman, presidenta y directora ejecutiva del Museo del 11S de Nueva York. Pew Research Center señala, además, que el 10 % de los adultos estadounidenses nació después de 2001.

Entre quienes actualmente tienen entre 18 y 24 años, la escuela ha sustituido en buena medida al recuerdo personal. Según una encuesta de Pew, el 60 % conoció por primera vez los atentados en clases o mediante trabajos escolares; el 16 % escuchó sobre ellos a través de familiares o amigos; un 8 % los descubrió leyendo o viendo contenidos por su cuenta y el 14 % no recuerda cómo se enteró.

En Nueva York esa transmisión puede comenzar desde edades tempranas. Antonia, una joven de 14 años entrevistada por EFE, recuerda que su madre le habló de los atentados cuando tenía alrededor de ocho. Anastasia, estudiante de teatro de 18 años de la Universidad de Nueva York (NYU), también conoció lo ocurrido por sus padres, quienes, según relata, fueron directos pero cuidadosos al explicarle la tragedia cuando tenía seis años.

Las escuelas constituyen otra vía fundamental. Nikita, una modelo de 20 años, recuerda haber aprendido sobre los ataques desde la propia Zona Cero mediante una explicación adaptada para niños. Sin embargo, entre los jóvenes también existe conciencia de que su relación con el 11S es distinta. Verónica, estudiante de NYU nacida en 2000, cuenta que suele ser identificada como una "bebé del 11S", pero reconoce que las personas que actualmente tienen entre 40 y 50 años mantienen una relación completamente diferente con aquel acontecimiento.

Fotografía del 31 de agosto de 2026 que muestra a personas observando el camión de bomberos Ladder 3 del FDNY dañado, durante la exhibición permanente en el Monumento y Museo Nacional del 11 de Septiembre.

Fotografía del 31 de agosto de 2026 que muestra a personas observando el camión de bomberos Ladder 3 del FDNY dañado, durante la exhibición permanente en el Monumento y Museo Nacional del 11 de Septiembre.EFE

Crecer con el temor que dejó el 11S

La diferencia no está únicamente en recordar o no dónde estaba cada persona aquella mañana. Quienes éramos adolescentes en 2001 continuamos creciendo mientras el terrorismo internacional ocupaba titulares, Estados Unidos iniciaba la guerra en Afganistán y nombres como Al Qaeda y Osama bin Laden se volvían parte habitual de las noticias. A ello se sumó la guerra de Irak y una sucesión de atentados y amenazas en diferentes países que mantuvieron durante años la sensación de que una tragedia de grandes dimensiones podía volver a ocurrir.

También cambió la relación con los viajes y particularmente con los aviones. Para quienes habíamos visto en televisión cómo aeronaves comerciales eran utilizadas para atacar edificios, volar adquirió una carga diferente. Los aeropuertos reforzaron progresivamente los controles y procedimientos de seguridad, y muchas medidas que hoy parecen normales fueron incorporadas o endurecidas como consecuencia del nuevo escenario abierto después del 11S.

Para quienes nacieron después, la experiencia es distinta: no tuvieron que acostumbrarse a buena parte de esos cambios porque crecieron con ellos. En ese sentido, pueden no recordar el acontecimiento, pero viven dentro de muchas de sus consecuencias.

Una generación que heredó las consecuencias

Deepa Iyer, autora de We Too Sing America, un libro sobre el impacto del 11S en comunidades del sur de Asia, árabes y musulmanas, señala a EFE que muchos jóvenes no tienen "un recuerdo vivo" de los atentados, pero conviven con las decisiones adoptadas posteriormente. Entre ellas menciona políticas migratorias más agresivas y las intervenciones militares de Estados Unidos en Afganistán e Irak.

La huella también fue social. Catarina, una neoyorquina de 18 años entrevistada por EFE, identifica entre las consecuencias el incremento de los prejuicios y el racismo contra los musulmanes. Anastasia, por su parte, destaca los cambios en la seguridad aeroportuaria y reconoce que conocer lo sucedido también modificó su percepción sobre la seguridad, especialmente ahora que vive en Nueva York.

El impacto del 11S, por tanto, trasciende la memoria de quienes observaron los ataques en tiempo real. Sus consecuencias alcanzaron las políticas de seguridad, la política exterior estadounidense, los conflictos militares y la relación de determinadas comunidades con el resto de la sociedad. Para quienes nacieron después, esas transformaciones pueden resultar más difíciles de asociar directamente con un acontecimiento ocurrido antes de que tuvieran uso de razón.

Fotografía del 31 de agosto de 2026 que muestra una flor puesta en el Monumento y Museo Nacional del 11 de Septiembre en Nueva York (Estados Unidos).

Fotografía del 31 de agosto de 2026 que muestra una flor puesta en el Monumento y Museo Nacional del 11 de Septiembre en Nueva York (Estados Unidos).EFE

¿Cómo mantener vivo el recuerdo 25 años después?

Con el paso del tiempo, instituciones educativas y culturales afrontan otro desafío: explicar una tragedia a estudiantes para quienes las Torres Gemelas pertenecen a un pasado cada vez más distante. En los colegios de Nueva York, los atentados forman parte de los programas de octavo, décimo y undécimo grado. La enseñanza incluye tanto sus repercusiones mundiales como las historias personales de las víctimas y de quienes participaron en las labores de ayuda.

Brian Carlin, director de Ciencias Sociales del Departamento de Educación de Nueva York, reconoce que la relación con el acontecimiento está cambiando. A medida que aumenta la distancia temporal, explica a EFE, el vínculo personal y el trauma comienzan a transformarse en un recuerdo que las instituciones deben transmitir y trabajar con los estudiantes.

El Museo del 11S cumple un papel similar al conservar la memoria de las cerca de 3.000 víctimas y los testimonios de aquel día. La tarea adquiere mayor importancia a medida que crece una generación sin recuerdos propios de los atentados y disminuye proporcionalmente el número de personas que puede explicar lo ocurrido desde una experiencia personal.

Fotografía del 31 de agosto de 2026 que muestra personas observando el camión de bomberos Ladder 3 del FDNY gravemente dañado durante la exhibición permanente en el Monumento y Museo Nacional del 11 de Septiembre.

Fotografía del 31 de agosto de 2026 que muestra personas observando el camión de bomberos Ladder 3 del FDNY gravemente dañado durante la exhibición permanente en el Monumento y Museo Nacional del 11 de Septiembre.EFE

La conversación con aquel joven de mi equipo terminó convirtiéndose en una manera sencilla de entender esa transición. Para mí, el 11S todavía empieza con el recuerdo de un televisor encendido en casa de una amiga y unas imágenes que, a los 14 años, no alcanzaba a dimensionar. Después vinieron años de noticias sobre terrorismo, guerras, amenazas y nuevos temores asociados incluso a algo tan cotidiano como tomar un avión. Para él, en cambio, primero existió ese mundo y solo después conoció el acontecimiento que contribuyó a transformarlo.

Veinticinco años después, el 11S comienza así a abandonar lentamente el terreno de la memoria colectiva directa para entrar definitivamente en el de la historia. Las nuevas generaciones quizá no puedan responder dónde estaban cuando cayeron las Torres Gemelas, pero siguen viviendo en una sociedad marcada por las decisiones y transformaciones que siguieron a aquella mañana. La diferencia es que unos vimos cambiar el mundo; otros nacieron cuando ese cambio ya había ocurrido.

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