gestión municipal
Silla Vacía en Guayaquil: un puesto que casi nadie logra ocupar
Trámites, filtros y demoras limitan el uso de la Silla Vacía, un mecanismo que debería garantizar participación ciudadana. ¿Por qué es tan difícil usarla?

Representación. Es una herramienta que permite a los ciudadanos intervenir en debates de gobiernos locales.
Las claves del caso
- La Silla Vacía, creada para fomentar la participación ciudadana en Guayaquil, enfrenta trabas administrativas que limitan su uso y generan críticas por falta de transparencia
- Trámites, filtros y demoras marcan el acceso a la Silla Vacía en el Concejo Cantonal, un mecanismo que ciudadanos y activistas consideran restringido en la práctica
- ¿Pero qué es la Silla Vacía? Es una herramienta constitucional que permite a los ciudadanos intervenir directamente en el debate de los gobiernos locales.
La Silla Vacía en el Municipio de Guayaquil, pensada para la participación ciudadana, presenta barreras como trámites y filtros que han impedido su uso efectivo desde su reactivación en 2025.
Aunque fue concebida como un mecanismo para que los ciudadanos participen en las sesiones del Concejo Cantonal, en la práctica sentarse en ella resulta complejo y desgastante.
No se trata de dinero, sino de trámites, autorizaciones y filtros impuestos por el propio Municipio. Para intervenir, los ciudadanos deben presentar oficios, justificar su pedido y esperar una aprobación que muchas veces llega tarde.
Aunque el Municipio asegura que reactivó este recurso a finales de 2025, desde entonces muy pocas personas han logrado ocuparla. Para activistas y representantes ciudadanos, la Silla Vacía sigue siendo solo un símbolo o un adorno, más que un mecanismo real de participación.
Caso de activista que no entró al Concejo
Un caso reciente ocurrió durante la sesión del 16 de abril, cuando César Cárdenas, del Observatorio Ciudadano de Servicios Públicos, quiso expresar su postura frente al aumento de la tarifa de la Aerovía. Sin embargo, cuando intentó ingresar a la sesión, un guardia se lo impidió. “Yo cumplo órdenes”, le dijo el agente, mientras le explicaba que “solo los que están en la lista entran”.
El episodio dejó contrariado a Cárdenas. Asegura que presentó el oficio dos días antes, pero al no recibir confirmación decidió esperar fuera del Municipio, pero finalmente no ingresó.
“Las sesiones son públicas. Llegué a mi casa a las 17:00 y recibí el oficio con la aprobación cuando la tarifa ya había sido aprobada, ya era un hecho consumado. Violan su mismo reglamento”, sostiene Cárdenas, quien cuestionó, en un artículo reciente de este Diario, la gestión que hoy lidera Tatiana Coronel.
Para él, esta situación refleja una de las principales deudas del Municipio en las últimas administraciones: la participación ciudadana.
En la respuesta municipal, suscrita por Jaime Tejada, secretario del Concejo, se señala que “se verifica que no se ha cumplido con los requisitos de rigor (...) entre estos, la exposición de motivos suficientes y acreditar la existencia de representatividad de alguna organización”.
Cárdenas lamenta que esta fue la segunda vez que no logra ingresar al Concejo para usar la Silla Vacía. Aun así, insiste en que este mecanismo debería ser ocupado y aprovechado por más ciudadanos.
La respuesta del Municipio a EXPRESO
Al respecto, EXPRESO solicitó una entrevista al Municipio para conocer, entre otros puntos, cuántas personas han ocupado la Silla Vacía y cuántos oficios se han presentado. Desde el área de Comunicación se indicó que la solicitud fue recibida y que “cuando tengamos la información se la remitiremos”.
Esta falta de información, sumada a lo ocurrido con César Cárdenas, no solo evidencia una deficiente transparencia en el Municipio, sino también las dificultades que enfrentan quienes buscan tomar la palabra y expresar su postura frente a las decisiones que se toman en la ciudad.
Esto ocurre, además, en sesiones donde sí se ha visto la presencia de ciudadanos con mensajes de respaldo al alcalde.

Así lució la mesa del Concejo de Guayaquil en la sesión del 23 de abril de 2026.
En la urbe, gremios, activistas y ciudadanos coinciden en que muchas personas desconocen este recurso. Pero quienes conocen casos como el de Cárdenas terminan resignándose a esperar cambios o, al menos, a que la administración de Aquiles Álvarez mejore la participación ciudadana, tanto dentro del Municipio como en las sesiones y asambleas.
Ciudadanos se expresan ante la Silla Vacía
Fernando Alburquerque, activista ciudadano, tiene una postura clara sobre lo que ha implicado este recurso. “Unos compañeros la han solicitado, pero es más fácil conversar afuera con los concejales que hacer uso de ella”, asevera.
Además, cuestiona la forma en que se presenta este mecanismo. “En la publicación de la concejal Shirley Aldás sobre la Silla Vacía hay un mensaje más profundo de lo que parece: una silla vacía alejada de la mesa no representa inclusión, sino distancia entre la ciudadanía y el poder. Es una metáfora clara de cómo, en la práctica, este mecanismo ha sido relegado a un rol periférico”, argumenta.
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Para Alburquerque, si la silla está lejos de la mesa, el mensaje es preocupante. “La ciudadanía sigue siendo espectadora, no protagonista. Y ese no fue el espíritu con el que se creó este mecanismo”, analiza.
Por su parte, Gelacio Mora, representante de la organización Tejido Social de Guayaquil, subraya la importancia de este mecanismo de participación ciudadana, pero lamenta que la Municipalidad no lo respete.
Mora recuerda el caso de Billy Navarrete, quien ocupó la Silla Vacía a finales de 2025. En aquella ocasión, el Cabildo sí acogió su intervención.
“Existe selectividad por parte de la autoridad municipal. Se nota en las sesiones la participación de adeptos al movimiento que administra la ciudad. Las propuestas de líderes barriales o representantes de organizaciones sociales no pueden ni deben estar condicionadas por creencias religiosas, mucho menos por ideologías políticas”, manifiesta.
La Silla Vacía no es un simple espacio simbólico dentro del Concejo. Más allá de si se la ha solicitado o no, lo fundamental es entender que su valor radica en la capacidad de las autoridades de saber escuchar.
De hecho, la última vez que se conoció públicamente el uso de la Silla Vacía fue a fines de 2025, cuando justamente la ocupó Billy Navarrete, presidente del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos.
En esa sesión, Navarrete intervino sobre la denominación de ‘Los Cuatro Niños de Las Malvinas’ para el espacio público del parque de la Coviem.