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Diario Expreso Ecuador

¿Quién debe mantener las peatonales y áreas verdes de Urdesa: los vecinos o el Municipio?

Existen zonas públicas, privadas y espacios con competencias compartidas.Los vecinos podrían colaborar con el cuidado cotidiano y alertar sobre problemas

Las peatonales y áreas verdes de Urdesa requieren mantenimiento permanente, con tareas que involucran al Municipio y la participación de los vecinos.

Las peatonales y áreas verdes de Urdesa requieren mantenimiento permanente, con tareas que involucran al Municipio y la participación de los vecinos.Archivo

Flor Layedra
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Lo que debes saber

  • Urdesa tiene espacios públicos y áreas bajo responsabilidad privada.
  • Algunas peatonales han sido cerradas por motivos de seguridad.
  • El Estero Salado tiene una protección ambiental específica.

Una peatonal con maleza, un parque descuidado o una luminaria dañada pueden convertirse rápidamente en motivo de disputa: ¿a quién le toca resolverlo? En Urdesa, donde conviven espacios públicos, áreas de propiedad privada y el Estero Salado, la respuesta apunta a una responsabilidad compartida, aunque la obligación principal recae sobre el Municipio de Guayaquil.

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El Municipio tiene la responsabilidad principal

La razón es sencilla: las peatonales, parques, parterres, isletas y demás áreas verdes ubicadas en espacios públicos son competencia municipal. Así lo explica Brick Reyes, arquitecto, docente de la Universidad de Guayaquil y especialista en urbanismo e impactos ambientales, quien sostiene que es responsabilidad "absoluta de la Municipalidad de Guayaquil" garantizar su cuidado y mantenimiento.

Ese trabajo, agrega Reyes, no se limita a cortar la maleza o recoger basura, sino que comprende el riego, las podas, la reposición de especies, el tratamiento fitosanitario, la limpieza y hasta la iluminación. El especialista recuerda que algunas áreas emblemáticas de Urdesa, como el parque Artigas de Las Piedra, también conocido como República de Uruguay, y otras zonas verdes, antes fueron entregadas a empresas privadas mediante convenios de concesión, bajo control municipal.

No obstante, la experiencia reciente del Municipio muestra que esta alternativa no siempre ha dado los resultados esperados. Adrián Zambrano, gerente de la Empresa Pública Municipal de Parques, Áreas Verdes y Espacios Públicos, señala que algunos convenios con empresas privadas o instituciones bancarias "no han sido eficientes", debido a que algunos fueron de corta duración o no se renovaron, por lo que la administración municipal optó por incorporar esos espacios a su manejo integral.

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La corresponsabilidad de los vecinos

No obstante, aunque la obligación institucional está clara, el ciudadano también tiene un papel que cumplir. Ricardo Pozo, coordinador del Observatorio Urbano y Territorial de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, señala que, al tratarse de espacios públicos, "formalmente es el municipio" el responsable de invertir en su mantenimiento, limpieza, orden y mobiliario urbano.

Sin embargo, Pozo advierte que la situación cambia parcialmente cuando las peatonales son cerradas, formal o informalmente, por los moradores bajo argumentos de seguridad. En esos casos, considera que debería revisarse "que la comunidad tenga cierto nivel de responsabilidad en el mantenimiento, en el orden y la limpieza" de esos espacios, especialmente cuando el acceso municipal queda limitado.

Por ello, la corresponsabilidad no significa que los vecinos deban asumir tareas que corresponden a la administración pública. Pozo pone como ejemplo las luminarias y la señalética: los ciudadanos pueden contribuir con la limpieza, el buen uso y el control del entorno, pero "es imposible que el ciudadano haga cambios de luminarias o de faroles", sobre todo cuando existen instalaciones eléctricas que requieren intervención técnica.

Desde el Municipio, Zambrano, explica que "toda área verde que se encuentra dentro de un predio público o fuera de la línea de fábrica es competencia municipal", mientras que las áreas ubicadas dentro de predios privados corresponden a sus propietarios.

Zambrano considera que la ciudadanía puede colaborar de manera concreta, sobre todo cuando se trata de espacios próximos a sus viviendas. "Esperamos que la ciudadanía sea corresponsable con este mantenimiento", señala, y plantea que los vecinos pueden organizarse para controlar la maleza, mantener limpio el entorno o contratar servicios cuando se trate de áreas que están bajo su responsabilidad.

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El Estero Salado requiere trabajo conjunto

A esta discusión se suma un elemento particular de Urdesa: el Estero Salado y sus manglares. En este punto, tanto el Municipio como el Ministerio de Ambiente tienen competencias que deben complementarse, pues, según Pozo, la cartera de Estado tiene a su cargo la preservación de estos recursos naturales, pero no necesariamente ejecuta trabajos como caminerías, accesibilidad y mantenimiento de espacios de borde.

Por eso, el urbanista considera necesario un trabajo conjunto entre ambas instituciones. La propuesta es que Municipio y Ministerio "logren crear parques de borde río, accesos que los vuelvan más factibles de ser integrados a la comunidad", evitando que estos sectores terminen convertidos en focos de contaminación o acumulación de basura.

Mientras tanto, el Municipio asegura que mantiene una planificación permanente y que también recoge las alertas de los moradores. Zambrano explica que los ciudadanos pueden comunicarse directamente con la Empresa Pública de Parques o canalizar sus requerimientos mediante los líderes barriales, aunque reconoce que las observaciones ciudadanas no siempre coinciden con los criterios técnicos utilizados para podar, sembrar o intervenir el arbolado urbano.

La importancia del mantenimiento

Para Brick Reyes, las áreas verdes y azules son parte esencial de la imagen urbana y paisajística de una ciudad, pero también un indicador de la calidad de vida de sus habitantes. El arquitecto sostiene que su cuidado debe ser permanente y planificado, y recuerda que existe una recomendación internacional de al menos 10 metros cuadrados de áreas verdes por habitante.

Reyes advierte que el abandono de estos espacios no solo afecta la imagen de la ciudad, sino también su salud ambiental. Según explica, las áreas verdes sin mantenimiento pueden acumular maleza, basura y favorecer la presencia de roedores, condiciones que pueden afectar especialmente a niños, adultos mayores y, en general, a quienes viven en su entorno.

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