Mónica Gilbert lideró el primer trasplante de corazón en Guayaquil y abrió camino a más mujeres
La perseverancia y el apoyo de su familia marcaron su carrera. Cree que la preparación, la disciplina y el trabajo colectivo hacen posible lo extraordinario

Mónica Gilbert lideró el equipo que realizó el primer trasplante de corazón en Guayaquil y continúa impulsando el desarrollo de la cirugía cardiovascular en Ecuador.
Lo que debes saber
- Mónica Gilbert lideró el primer trasplante de corazón realizado en Guayaquil.
- La perseverancia y el trabajo en equipo marcaron su trayectoria profesional.
- Su historia inspira a más mujeres a abrirse camino en la medicina.
Esta historia forma parte de “Ellas para Ellas: Mujeres que mueven Guayaquil”, el especial de EXPRESO por los 491 años de Guayaquil, que reúne a mujeres cuyas ideas, liderazgo y trabajo transforman la ciudad desde distintos ámbitos. En esta entrega, conocemos la trayectoria de Mónica Gilbert, la cirujana cardiovascular que lideró el primer trasplante de corazón en Guayaquil y abrió camino para salvar más vidas e inspirar a nuevas generaciones de mujeres en la medicina.
Mónica Gilbert Orús nunca soñó desde niña con convertirse en cirujana cardiovascular. Descubrió esa vocación mientras acompañaba a su padre, Roberto Gilbert, al trabajo y observaba, casi sin darse cuenta, el impacto que podía tener una operación en la vida de un paciente.
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Del apoyo familiar al quirófano
Con el tiempo entendió que la medicina no era solo una profesión, sino una forma de vivir. Cada decisión implicaba preparación, sacrificio y la responsabilidad de cuidar vidas.
Hubo momentos en los que pensó en abandonar la carrera universitaria. Recuerda haber llegado a casa, entre lágrimas, tras un mal examen, pero el respaldo de su familia siempre terminó recordándole que valía la pena continuar estudiando Medicina.
Ese apoyo se convirtió en uno de los pilares de su carrera. Está convencida de que ninguna trayectoria puede sostenerse sin una red que impulse a seguir cuando aparecen las dudas.

La cirujana cardiovascular Mónica Gilbert asegura que la preparación constante y el trabajo en equipo son la base para ofrecer nuevas oportunidades de vida a sus pacientes.
La mejor recompensa no es ser la primera, sino abrir el camino para que muchas mujeres puedan llegar después
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El trasplante que marcó un hito
En 2021, a los 35 años, encabezó el equipo que realizó el primer trasplante de corazón en Guayaquil. Aunque su nombre quedó asociado al hecho histórico, insiste en que ese logro pertenece a un grupo entero de profesionales que trabajó durante años para hacerlo posible.
La víspera de aquella cirugía estuvo lejos de ser tranquila. Sintió ansiedad, miedo y una enorme responsabilidad porque sabía que no solo estaba en juego un procedimiento inédito, sino la vida de una paciente que depositó su confianza en el equipo.
Cuando la intervención terminó con éxito, recuerda que la satisfacción fue inmediata. Sin embargo, la mayor sorpresa llegó después, al descubrir que aquel hito impulsó nuevos programas de trasplantes y abrió una conversación sobre lo que era posible hacer en Ecuador.
La repercusión también trascendió el ámbito médico. Ver a un equipo integrado mayoritariamente por mujeres inspiró a muchas jóvenes que, hasta entonces, seguían asociando la cirugía cardiovascular con un espacio reservado para hombres.
Aunque reconoce que todavía existen estereotipos, nunca permitió que definieran su camino. Prefirió concentrarse en prepararse, trabajar y demostrar con resultados que la capacidad no depende del género.
Para Mónica Gilbert Orús, el miedo nunca desaparece por completo. Cree que estudiar más no lo elimina, sino que hace consciente de todo lo que puede ocurrir, aunque también brinda las herramientas para actuar cuando llega el momento.
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Liderar para abrir camino
Su idea de liderazgo está lejos de las jerarquías. Considera que dirigir significa conseguir que muchas personas avancen hacia un mismo objetivo, entendiendo que ningún logro importante puede alcanzarse solo.
Hoy, además de dirigir la Clínica Guayaquil, asume una responsabilidad que atribuye al trabajo colectivo y a la confianza ganada con los años. Está convencida de que ningún cargo convierte por sí solo a una persona en líder si quienes la rodean no creen en ella.
A las jóvenes guayaquileñas que sueñan con la medicina les recuerda que los grandes objetivos nunca llegan sin esfuerzo. Les pide perseverar incluso cuando aparezcan las dudas, porque las dificultades forman parte del camino y, al final, cada sacrificio encuentra sentido.
Después de abrir un camino para los trasplantes cardíacos en Guayaquil, no siente que haya llegado a la meta. Gilbert sigue formándose e incorporando nuevas técnicas para atender casos cada vez más complejos, porque entiende que la medicina exige aprender todos los días.
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Su propósito, asegura, sigue siendo el mismo que la llevó al quirófano aquella madrugada: prepararse cada día para que más pacientes tengan una nueva oportunidad de vivir. Sus días empiezan a las seis de la mañana y terminan con la satisfacción del deber cumplido.