De Ellas para Ellas: Mujeres que mueven Guayaquil
Carolina Drouet revive el centro de Guayaquil desde un colegio centenario
Carolina Drouet dirige la Unidad Educativa Santo Hermano Miguel La Salle, institución que devolvió propósito a la antigua sede del Colegio San José en el centro

En un edificio con más de cien años de memoria, Carolina Drouet León asumió el desafío de comenzar una nueva historia, como rectora de la U.E. Santo Hermano Miguel.
Esta historia forma parte de "Ellas para Ellas: Mujeres que mueven Guayaquil", el especial de EXPRESO por los 491 años de Guayaquil, que reúne a mujeres cuyas ideas, liderazgo y trabajo transforman la ciudad desde distintos ámbitos. En esta entrega, conocemos la trayectoria de Carolina Drouet, la nueva rectora de la tercera obra lasallista en Guayaquil, la Unidad Educativa Santo Hermano Miguel, y que impulsa desde las aulas una educación integral.
Una edificación centenaria vuelve a cobrar vida
Cada mañana, un edificio centenario del centro de Guayaquil vuelve a llenarse de pasos, conversaciones y voces infantiles. En sus aulas, ubicadas entre Baquerizo Moreno y Tomás Martínez, estudiaron durante más de cien años generaciones de jóvenes. Después de que la última promoción del tradicional Colegio San José se trasladara al Campus Norte (Cdla. Pájaro Azul), en 2023, sus salones quedaron vacíos. Hoy, 683 estudiantes recorren nuevamente aquellos pasillos bajo la dirección de Carolina Drouet León, rectora de la Unidad Educativa Santo Hermano Miguel La Salle.
Licenciada en Ciencias de la Educación y magíster en Comunicación Estratégica, Carolina no imaginaba que su trayectoria la llevaría a encabezar el renacimiento de aquel inmueble. Los hermanos de las Escuelas Cristianas le propusieron estudiar los requisitos necesarios para abrir un plantel en la antigua edificación lasallista. Lo que comenzó como una colaboración terminó cambiando sus planes profesionales. Como no era posible volver a utilizar el nombre San José, la institución fue denominada Santo Hermano Miguel, en homenaje al primer santo ecuatoriano, educador lasallista y patrono de los catequistas.
Los inicios de una mujer lasallista
Su historia con La Salle comenzó en 2011, cuando ingresó como docente de Lengua y Literatura de segundo y tercero de bachillerato en una institución todavía predominantemente masculina. Frente a estudiantes de entre 16 y 18 años, decidió relacionar la literatura con las redes sociales, las noticias y la realidad nacional.
Educar en el centro de Guayaquil es mantener viva la historia de la ciudad y preparar a quienes escribirán su futuro.
Al principio, los jóvenes no comprendían aquella conexión, pero su perseverancia logró que descubrieran que las obras literarias también dialogan con la historia y los conflictos de su tiempo. Durante seis años fue profesora del Bachillerato Internacional y, posteriormente, asumió la coordinación del programa, experiencia que la preparó para liderar equipos y acompañar procesos educativos.
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Carolina pensaba continuar en esa área e incluso contemplaba la posibilidad de trabajar fuera del país. Por eso, cuando le comunicaron que estaría al frente del nuevo colegio, recibió una noticia que no esperaba. “No estaba dentro de mis planes profesionales”, reconoce. Antes de aceptar, conversó con su esposo y con sus padres, quienes la animaron a confiar en las capacidades que otros habían visto en ella. “Estaba en el plan de Dios y no en el mío”, afirma. Luego asumió la tarea de seleccionar a los 27 docentes del plantel, organizar el equipo administrativo y articular el trabajo con el personal de mantenimiento y los hermanos lasallistas.

La docente que llegó a La Salle para enseñar Literatura dirige hoy una comunidad de 683 estudiantes y demuestra que educar también es una manera de reconstruir Guayaquil.
El reto de asumir la realidad de la familia guayaquileña
El reto más complejo ha sido comprender la diversidad de los hogares que llegaron a la institución. Carolina encontró estudiantes con costumbres, necesidades y experiencias familiares muy distintas, además de padres acostumbrados a otras maneras de entender la enseñanza. Frente a esa realidad, sostiene que educar no puede limitarse al rendimiento académico.
Cada estudiante que aprende a pensar, servir y liderar positivamente representa una oportunidad para Guayaquil.
“No formamos solamente alumnos; también ayudamos a transformar vidas a través del acompañamiento a sus familias”. Su liderazgo busca mirar más allá de las calificaciones para reconocer la tristeza, las preocupaciones y las necesidades que un estudiante muchas veces no consigue expresar.
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Su presencia tiene un significado especial porque dirige una institución que durante gran parte de su historia estuvo destinada a la formación de varones. Inspirada por Patricia Núñez, la única rectora que tuvo el Colegio San José, Carolina entiende que liderar no depende únicamente de un nombramiento, sino de la capacidad de sumar personas alrededor de un propósito. Por eso, invita a las mujeres guayaquileñas a creer en sí mismas y no temer al fracaso: “Si algo no sale bien, saldrá bien la próxima vez”. Mientras 683 niños y adolescentes vuelven a ocupar los antiguos pasillos, ella preserva la memoria de un edificio centenario y la convierte en una oportunidad para transformar vidas y construir Guayaquil desde la educación.