Tecnología en la familia
Hogares en Ecuador conviven al límite del estrés y la vida digital: ¿Qué se aconseja?
Estudio a 10.000 hogares hace una radiografía de la dinámica familiar en Ecuador. Las pantallas son el mayor conflicto entre salud mental y avance tecnológico

A 77,7 % de representantes encuestados les preocupa que la Inteligencia Artificial limite el pensamiento crítico de estudiantes.
Lo que se sabe
- En 78 % de hogares encuestados se indica que el límite de tiempo frente a las pantallas es su conflicto número uno
- 7 de cada 10 familias declaran que viven con niveles altos de estrés
- Hay más interés en la salud mental que antes porque los hijos reciben tratamiento psicológico
El ritmo laboral y la aceleración tecnológica empujan a las familias guayaquileñas a una encrucijada. Un estudio del Grupo Santillana, realizado a más de 10.000 hogares, revela una realidad innegable: siete de cada diez familias conviven con altos niveles de estrés.
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Las raíces de este agotamiento no nacen exclusivamente en la crianza; se arrastran desde la calle.
La tensión proviene de:
- Sobrecarga laboral (68 %)
- Inestabilidad económica (55 %) y
- Angustia por los resultados académicos de los hijos (42 %)
"Madres suelen llevarse la parte más pesada"
Los padres de familia Elker Mendoza y Carlos Peña conocen este escenario. Ambos trabajan jornadas completas en Guayaquil, pero hacen esfuerzos conscientes para no desplazar el vínculo afectivo.
Peña optó por recoger a su hijo de clases para aprovechar el trayecto y conversar, estableciendo la regla innegociable de no usar el celular en el auto.
“En ese camino vamos interactuando. Los fines de semana son completamente para la familia”, relata, priorizando que su niño comparta de forma presencial.
Mendoza restringe el uso de pantallas de su hija y enfatiza la reconexión física. “Llego y me desconecto de todo lo demás. Me dedico a revisar lo que ha hecho y ella me conversa su día”. Sostener este ritmo es un reto inmenso.
La psicóloga clínica Paola Cercado explica que el agotamiento merma la disponibilidad emocional, y las madres suelen llevarse la parte más pesada.
“Una madre agotada no es que no quiera escuchar a sus hijos porque no los ame, sino que está tan sobreestimulada que le cuesta pensar con calma”, señala. Esta fatiga provoca que se responda con monosílabos y que la sobrecarga estalle en casa ante cualquier excusa.
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Y dentro de hogares cansados, las pantallas encienden la mecha diaria. El tiempo de uso de los dispositivos se ha vuelto el conflicto número uno en el 78 % de las familias. Los datos arrojan una paradoja comunicativa: el 85 % de los padres intentan guiar a sus hijos en internet, pero apenas el 45 % se siente tecnológicamente capacitado.
Las familias batallan por regular un ecosistema que avanza más rápido que ellos. Al sentir que el tiempo no alcanza (el 81 % desearía pasar más tiempo con sus hijos), los adultos buscan apoyo.
Rol de las instituciones educativas en el aprendizaje digital
Francisco Ortiz, director de investigación de Santillana, revela que los tutores exigen que el colegio gestione la parte digital y socioemocional ante su propia falta de herramientas.
Elker Mendoza concuerda: “Espero del colegio de mi hijo que el aprendizaje sea integral, que formen al ser humano, no solo en lo académico”.
Vanessa Morán, psicóloga del Departamento de Consejería Estudiantil del Colegio IPAC, corrobora la tendencia. Relata que hay ocasiones en que los padres sienten perder el control, cediendo a presiones sociales sobre la tecnología bajo el argumento de que “todos sus compañeros tienen teléfono celular”, por citar un ejemplo.
Esta brecha se profundiza en secundaria: la comunicación decae y el estrés parental por las notas llega al 42 %. Morán advierte que el adolescente prioriza a sus pares, y muchos confiesan sentirse solos en casa, lo que impacta en su conducta. La estadística es clara: el 56,5 % de familias admiten que su hijo recibe o necesita terapia psicológica.
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La solución no es competir con el celular
A la disputa tecnológica se suma la inteligencia artificial (IA). Al 77,7 % de los padres les aterra que esta limite el pensamiento crítico.
Carlos Tutivén, investigador de la Universidad Casa Grande, profundiza en esta mutación. Advierte que desde el siglo pasado se gestaba el ‘Homo Videns’, un sujeto que moldea su subjetividad desde la imagen, imponiendo la emocionalidad por encima de la razón. “¿Es una batalla perdida la desconexión? En gran parte sí, porque la sociedad es digital”, admite.
Para Tutivén, el pensamiento crítico enfrenta una crisis. “Convertirnos en siervos de la IA va en contra de la formación humana y de sus capacidades creativas y cognitivas. Un dato arrojado por una máquina no es un criterio”, argumenta. La solución no es competir con el celular, sino brindar lo que internet jamás proveerá: atención y escucha real.
“El chico debe reconocer que una cosa es la ‘eficiencia’ de internet y otra la experiencia que solo un adulto entrega. Hace décadas los padres perdieron su autoridad simbólica porque la cedieron a las máquinas”, lamenta Tutivén. Y añade que la paternidad exige un “saber hacer” más allá de la provisión.
Para evitar este distanciamiento, Paola Cercado propone el “ocio activo”, un factor protector que reduce en un 28 % la necesidad de terapia.
Consejos para el "ocio activo"
“No hay excusas. Los chicos solamente necesitan un ratito para que te sientes al lado, los abraces y que observen nuestro lado sensible para volver a conectar”, concluye.
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