Taxi Guayaquil
El tomar taxi en Guayaquil transmite una sensación de peligro, para el conductor y para el pasajero.Francisco Flores

Coger taxi en Guayaquil es una sensación de peligro para pasajeros y conductores

El temor a sufrir delitos transforma el servicio hacia el uso de unidades monitoreadas y cooperativas con registro oficial

Ciudadanos y conductores de taxis en Guayaquil alteran sus rutinas de movilidad ante el riesgo de sufrir secuestros o robos. La inseguridad en las calles obliga a los pasajeros a descartar aplicaciones no reguladas y a los choferes a rechazar recorridos hacia sectores conflictivos de la urbe.

El miedo generalizado 

EXPRESO conversó en un recorrido con usuarios que, al retirarse de su jornada laboral, esperan en las veredas a que alguien los lleve a sus hogares. El miedo se siente generalizado. “A esta hora una se siente asustada, temerosa. Llamé a una persona que ya le tenemos confianza y nos hace taxi, pero ahorita no puede venirnos a ver. Ahorita me toca tomar un taxi amarillo, y enviarle mi ubicación a alguien que esté en la casa, no hay de otra”, contaba Elena, quien esperaba una solución bajo luminarias dañadas en la avenida Victor Emilio Estrada, en Urdesa.

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    Algunos prefieren tomar taxis por aplicación de celular. No son profesionales los conductores, son autos particulares.Francisco Flores
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    Algunos no han perdido la confianza en pedir un taxi, de la forma tradicional. Francisco Flores
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    A pesar de la inseguridad, aseguran que la demanda no ha bajado en sí. Francisco Flores
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Ángeles Pincay, de La Puntilla, sostiene en cambio que dejó de tomar taxis por aplicación por la mala experiencia de una amiga. “En teoría el conductor estaba bien calificado, pero le hicieron un secuestro express al tomar una carrera en Sauces. Ahora solicito taxi a una cooperativa regulada. Pago un poco más, pero es el precio de la seguridad”, asevera.

Y los taxistas también se arriesgan. “Hacemos ‘la psicológica’, no queda otra. En mi caso, si no percibo confianza en el pasajero de la calle, no lo cojo. Preferimos hacer servicio de puerta a puerta”, confiesa Oswaldo Mena, quien hace estación afuera de un centro comercial en la av. Delta.

Este escenario de desconfianza no es casual. Según la última encuesta ciudadana Guayaquil Cómo Vamos, apenas el 30 % de la población se siente segura en los espacios públicos, calles y parques de la urbe, obligando a los ciudadanos a modificar radicalmente su manera de movilizarse ante el peligro.

Taxis Guayaquil
Algunos conductores se ven obligados a hacer base cerca de puntos considerados "seguros".Francisco Flores

Para Alejandro Chanabá Ruiz, docente investigador de la Espol, la crisis hacia el taxi formal responde al desorden del sistema. "Una de las cosas por las cuales uno desconfía es porque uno no sabe exactamente si ese taxi de verdad presta servicio a la ciudadanía o es un taxi en el cual voy a ser objeto de un robo, un secuestro express". A su criterio, falta estandarización visual en las unidades, a diferencia de metrópolis donde hay esquemas que definen la operación. También critica que herramientas como las cámaras brindan una "falsa percepción de seguridad" si no se conectan a un ente de monitoreo, y que no se fijen tarifas preestablecidas para ser competitivos: "Hay contemplation que tener un valor determinado para determinadas rutas".

Una realidad similar para los gremios

Del lado de los conductores, la adaptación ha sido imperativa. Jorge Gómez, presidente de la Unión de Cooperativas de Taxis del Guayas, reconoce que la demanda decayó, pero el gremio busca alternativas.

Señala que hoy existen más de 100 estaciones avaladas por la Agencia de Tránsito y Movilidad (ATM) y el Municipio. Además, recalca que usan tecnología propia y unidades con mayor confort. Sin embargo, la ola de violencia dictó severas reglas operativas: "Ya no se va a sectores marginales, donde hay más peligrosidad. El compañero taxista evita y se protege". Además, considera que la ATM perdió el control ante ciertos vehículos informales.

La legalidad y sus costos generan otra desventaja. Consuelo Flores, gerente de las cooperativas 7 de Enero y Cristal, subraya el peso comercial. "El carro amarillo tiene que ser pintado de amarillo, tener placa de alquiler, tener permiso de operación. No es lo mismo que un dueño compre carros particulares y los mande a trabajar a libre albedrío", cuestiona. Para evitar riesgos, las flotas prefieren los paraderos privados. Flores lamenta que se dificulte conseguir los permisos necesarios para formalizar estos puntos.

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Los taxistas han optado por tener estaciones. Aseguran que su servicio es seguro al 100%.Francisco Flores

A pesar de esta competencia desigual y la falta de apoyo estatal y seccional, Flores asegura que han optado por mejorar. “Han cambiado sus unidades. Hay carros eléctricos, usan aire acondicionado, tienen GPS y comunicación”, sostiene la dirigente, quien exige que las autoridades se sumen a esta planificación.

Frente a este complejo panorama en el que el miedo es un pasajero permanente, la recomendación de Gómez para el usuario es apelar siempre a lo oficial. "Al momento de coger un taxi cojan un carro de las estaciones de taxis, que van con más seguridad. Siempre es importante ver el número de placa del vehículo, ver el logotipo de la cooperativa del vehículo", concluye el directivo gremial.

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