Así terminó la era de Marcela Aguiñaga en Guayas: con lágrimas y la advertencia de que “no es fácil”
La prefecta del Guayas rindió cuentas del presupuesto 2025. Se despidió de sus simpatizantes y aseguró que sigue creyendo en la política: “es un hasta pronto”

Marcela Aguiñaga cerró su gestión al frente de la Prefectura del Guayas con un emotivo discurso marcado por lágrimas, agradecimientos y mensajes a su sucesor.
Marcela Aguiñaga cerró oficialmente su etapa al frente de la Prefectura del Guayas con un emotivo discurso de despedida en el que defendió su gestión, agradeció a su equipo y aseguró que, pese a las críticas y dificultades, “sigue creyendo en la política”. Entre lágrimas, presentó formalmente su renuncia y dejó un mensaje a su sucesor, Carlos Encalada: “No es fácil”.
Una convocatoria tan masiva que por momentos rozó el desorden. Fueron tantos los representantes de gremios productivos del Guayas y los beneficiarios de los programas sociales de la Prefectura, que en el auditorio no cabía ni un alma más.
La hasta hoy prefecta Aguiñaga acudió a la que sería su última rendición de cuentas acompañada de su esposo, el empresario Mauricio Guim. En el auditorio de la institución ya se había colgado su retrato oficial junto a los políticos que ocuparon su mismo cargo a lo largo de la historia provincial. Un detalle visual no menor en el salón: el marco de su imagen estaba colgado ligeramente más alto que el del resto.
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Era el último año que Aguiñaga rendiría cuentas. Hoy, 14 de mayo, marca el último día de su gestión tras su repentina renuncia. Por ello, el evento mutó rápidamente de un mero informe técnico a un discurso de cierre.
Aunque matizó de inmediato la frase: "Una despedida que en realidad, para algunos que sepan, es sólo un hasta pronto". Acto seguido, en lugar de ceñirse solo al 2025, amplió el espectro: "Vengo a hablarles de estos tres años". Quedaba claro que más que una rendición de cuentas, el acto era una despedida definitiva.

Entre aplausos y lágrimas, Marcela Aguiñaga presentó su última rendición de cuentas antes de oficializar su salida de la Prefectura del Guayas.
Fiel a su estilo, abordó los temas espinosos. Sobre la postergada obra del Quinto Puente, justificó que el convenio no avanzó al ritmo deseado “por diferencias técnicas, por burócratas que no entendieron”.
Al referirse al crítico tema de las concesiones viales (y su extensión hasta 2054 a Concegua y Conorte), aseguró que se aplicaron los correctivos necesarios para no seguir postergando un problema. "Yo no gasté mi tiempo ni mis energías en perseguir a los anteriores". Su postura, aseguró, fue pragmática: "Me puse a ejecutar el contrato y hacer que funcione". Y sobre la frustrada licitación del dragado, la sentencia fue directa para excusar el traspié: "Lamentablemente falló el sistema y falló el contratista".
Resumió su labor de prevención ante la emergencia invernal y reivindicó su inversión en el agro como su mayor hito histórico: "Por primera vez Guayas tiene una radiografía real de su ruralidad".
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Relevo a Carlos Encalada y lágrimas de despedida
El tono político dio paso al institucional cuando se dirigió directamente a Carlos Encalada, quien asumirá como prefecto desde mañana. “Bienvenido Carlos a la administración, no es fácil. Te dejamos una administración caminando, no paralizada. Dejamos un presupuesto alineado a la regla 70-30, como lo hicimos durante toda nuestra administración. Dejamos data y todo para el agro, dejamos una agenda ambiental”.
En el tramo final del discurso, la coraza de la funcionaria cedió. “Quiero decirles que estos años nos han dejado muchas lecciones. La más importante es que, a pesar de todo, sigo creyendo en la política; no sé si por necia o porque es la única manera en la que Marcela aprendió del servicio público. Y a cambiarle la vida a la gente”, confesó entre lágrimas.
“No hago política destruyendo ni pisando a los demás. Ejecuto y dejo obras que le sirven a la gente. Nunca creí en dinamitarlo todo tan solo para que parezca que la historia empezó con uno. No llegué para perseguir a nadie. Guayas tenía que estar primero”, aseveró.

Representantes de gremios, beneficiarios de programas sociales y simpatizantes acompañaron la última rendición de cuentas de Marcela Aguiñaga en la Prefectura del Guayas.
Agradeció a las autoridades y a su equipo advirtiendo que el servicio público "tiene mucha ingratitud". Se reconoció a sí misma pidiendo: “Gracias por aguantar a una mujer intensa, exigente y obsesionada por hacer que las cosas pasen. Si algo tuve claro siempre, es que la gente merece mucho más que funcionarios resignados a la mediocridad”.
Tras 20 años dedicados al sector público, pidió perdón a su familia por las ausencias y los sacrificios, por el tiempo que no volverá. "Guayas ocupó todo mi tiempo y todo mi corazón. Pese a las dificultades, a las crisis, a las críticas e injurias y pese a muchos vanidosos y egocéntricos que apostaron por nuestro fracaso, esto no es un adiós. Uno nunca se despide del lugar que ama".
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Antes de bajar del estrado, lanzó un último encargo a los asistentes para que defiendan las obras porque “son imborrables” y advirtió nuevamente a su sucesor: “No es fácil, Carlos, es un camino duro, pídele a tu familia que te entienda”.
Al final, la prefecta tomó sus cosas, bajó a la planta baja del edificio gubernamental y presentó formalmente su renuncia. Caminó junto a su esposo a casa.
Así terminó la era de Marcela Aguiñaga en Guayas.