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Diario Expreso Ecuador

Sin Vereda: la obra de danza contemporánea que explora la memoria a través del cuerpo

La obra reúne a artistas de distintas disciplinas para construir un montaje donde el pasado y los reuerdos cotidianos emergen mediante el movimiento

El equipo está conformado por un músico y cuatro intérpretes provenientes de distintas disciplinas

El equipo está conformado por un músico y cuatro intérpretes provenientes de distintas disciplinasKarina Defas

Mariella Toranzos
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Una obra de creación colectiva

  • Sin Vereda es una propuesta escénica interdisciplinaria que combina danza contemporánea, teatro, música en vivo, textos y artes visuales para explorar cómo los recuerdos personales permanecen inscritos en el cuerpo y reaparecen a través de los sentidos.
  • Concebida por el coreógrafo Eduardo Mena junto a cinco artistas, la obra se estrenará el 12 de junio en el Teatro de la Compañía Nacional de Danza.

La canción que sonaba en la radio del auto paterno camino a la escuela, el sabor del néctar robado de las flores del jardín vecino, la textura de aquel sticker afelpado que sellaba las cartas secretas intercambiadas con una amiga.

Los recuerdos íntimos, esos que permanecen dormidos durante años y reaparecen sin previo aviso, forman parte esencial de la memoria personal. Basta un olor, una melodía o una calle para regresar de golpe a un momento lejano, como si el tiempo hubiera decidido doblarse sobre sí mismo.

Esa relación entre el cuerpo, los recuerdos y el paso del tiempo es el punto de partida de Sin Vereda, una propuesta escénica interdisciplinaria que se presentará el 12 de junio, a las 19:00, en el Teatro de la Compañía Nacional de Danza. La obra reúne danza contemporánea, teatro, música en vivo, composición sonora, textos y artes visuales para explorar la forma en que la memoria permanece activa en la experiencia cotidiana y cómo ciertos recuerdos continúan habitando el cuerpo mucho después de haber ocurrido.

La propuesta fue concebida por el bailarín y coreógrafo Eduardo Mena junto a un grupo de cinco artistas. Desde el inicio, el interés estuvo puesto en alejarse de los grandes relatos históricos o de la memoria colectiva para concentrarse en experiencias personales, aquellas que suelen permanecer resguardadas en espacios íntimos.

Sin Vereda aborda el tema de la memoria y los recuerdos desde lo más privado. No quisimos abordarla desde un lugar de memoria colectiva o social, sino desde estas memorias mucho más personales”, señala el artista.

Para iniciar la investigación escénica, Mena propuso una serie de detonantes vinculados con la experiencia personal de cada participante.

Para iniciar la investigación escénica, Mena propuso una serie de detonantes vinculados con la experiencia personal de cada participante.Karina Defas

Una mirada colectiva

La construcción de la obra tomó varios meses. El equipo está conformado por un músico y cuatro intérpretes provenientes de distintas disciplinas, uno de ellos también actor. Esa diversidad de trayectorias terminó por convertirse en uno de los elementos que definieron la forma final del montaje.

En escena aparecen evocaciones ligadas a la infancia, a los vínculos familiares y a experiencias cotidianas que permanecen almacenadas durante años. Más que reconstruir una historia lineal, Sin Vereda se pregunta dónde se alojan los recuerdos y qué mecanismos hacen posible que reaparezcan cuando menos se espera.

“Queríamos ver qué pasa con el cuerpo, dónde se evocan estas memorias. Cuáles son esos recuerdos que están escondidos y de pronto florecen. Emergen desde una memoria muy oculta y de repente te das cuenta de que todavía recuerdas una canción, un olor, una comida. En ese momento, el cuerpo es expuesto, reacciona para poder recordar, y hace un movimiento casi involuntario”, explica el director.

Para iniciar la investigación escénica, Mena propuso una serie de detonantes vinculados con la experiencia personal de cada participante. La comida, las canciones escuchadas durante la niñez, los juegos infantiles, los paisajes recorridos y otros fragmentos de la vida cotidiana se convirtieron en puntos de partida para explorar la memoria desde el movimiento.

“Por ejemplo, en la obra evocamos la memoria desde la comida, la música que escuchaban nuestros padres y abuelos en sus casas. También aparece mucho el juego infantil, los paisajes, los caminos recorridos. Es como una suma de cosas. Yo les propuse a los artistas que, desde estos elementos, pudiéramos investigar cómo se dispone el cuerpo, y ellos también fueron aportando desde esas premisas”, comenta.

A partir de ese trabajo colectivo fueron surgiendo imágenes, acciones y situaciones que, aunque nacieron de experiencias individuales, terminaron encontrando puntos de conexión entre sí. La memoria personal se transformó así en un territorio compartido, que pasó a la escena.

La función de estreno de Sin Vereda se realizará en el Teatro de la Compañía Nacional de Danza.

La función de estreno de Sin Vereda se realizará en el Teatro de la Compañía Nacional de Danza.Karina Defas

Del pasado al presente

El proceso derivó en una propuesta donde los límites entre disciplinas se vuelven más flexibles. El músico participa también desde el movimiento corporal, mientras que los bailarines generan sonidos y ejecutan acciones musicales en vivo. Asimismo, la palabra ocupa un lugar importante dentro de una obra construida principalmente desde el lenguaje físico.

“Al principio parecía que las escenas pertenecían solamente a quien las recordaba. La escena de la música, del juguete o de alguna experiencia de la infancia parecía individual. Pero en el trabajo de buscar relaciones entre una escena y otra te das cuenta de que todo tiene una posibilidad de tejido. Ahí aparece un discurso. La obra empieza a mostrarse por sí misma y uno comienza a descubrirla. Cuando terminamos de construirla sentimos que había conectado con lo que cada uno esperaba y que se había concretado un lugar en el que todos nos sentíamos apropiados de la obra”, concluye.

Un estreno que apuesta por el futuro

La función de estreno de Sin Vereda se realizará en el Teatro de la Compañía Nacional de Danza, y las entradas tienen un valor de $12. Aunque el equipo se encuentra concentrado en esta primera puesta en escena, la obra fue concebida con la intención de continuar su recorrido más allá de la fecha de estreno.

Mena asegura que, después de esta primera función, el equipo espera gestionar nuevas presentaciones dentro y fuera de Quito. Entre los lugares que les interesa visitar se encuentran ciudades como Loja y Guayaquil, además de otros espacios escénicos que puedan acoger una propuesta interdisciplinaria de estas características. 

“Nuestro interés es poder mostrarla en todos los lugares posibles. Es una obra que dialoga con distintas expresiones artísticas y nos interesa que pueda seguir circulando. Pero por ahora toda nuestra atención está puesta en este estreno”, indica.

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