The Lumineers llegó a Ecuador con su nostalgia acústica
Entre himnos acústicos y momentos íntimos, la banda estadounidense ofreció en Cumbayá una velada marcada por la melancolía

La banda estadounidense The Lumineers se presentó en Ecuador por primera vez como parte de su gira mundial ‘Automatic’.
Un esperado recital
- The Lumineers cerró su gira latinoamericana en Ecuador con un concierto de más de dos horas en el Arena Top Media de Cumbayá, donde combinó momentos de euforia, cercanía con el público.
- La presentación estuvo marcada por la nostalgia acústica y la conexión emocional entre la banda y los asistentes, especialmente en temas como Ho Hey, Cleopatra y Stubborn Love.
La cita del 9 de mayo, comenzó temprano en el Arena Top Media de Cumbayá. Los asistentes se congregaron desde las cinco de la tarde en un campo abierto, protegidos por una cubierta improvisada en caso de lluvia. La banda local Miel abrió el recital; como ellos mismos describieron, fue un gusto “calentarles las tablas” a la agrupación estadounidense The Lumineers.
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Con tono sarcástico, añadieron: “Somos Miel, de Quito; pueden escucharnos. Qué bueno tenerlos tan temprano”. El dueto interpretó sus éxitos más populares, como Mantra y Centro, preparando al público con su onda electrosensorial mientras los asistentes se acomodaban con bebidas y aperitivos. Muchos, sorprendidos por el talento local, aprobaron la presentación con aplausos y ovaciones.
La espera no duró mucho. Los técnicos afinaban los instrumentos, ocultos bajo telas negras que se retiraron poco a poco hasta que el reloj marcó las 19:05. En ese instante, una música de suspenso al ritmo de Eye in the Sky, de The Alan Parsons Project, dio inicio al espectáculo. Una imagen nostálgica de un casete con el nombre de la banda emocionó a los 3.800 asistentes, generando un efecto dominó de incertidumbre, gritos y aullidos.

La banda quiteña Miel abrió la velada en Cumbayá, actuando como teloneros de The Lumineers.
Finalmente, el grupo apareció con desbordante energía, vistiendo chaquetas, tirantes y sombreros acordes con la estética country anglosajona.
Los gritos inundaron la velada al sonar Same Old Show, un himno de su más reciente disco, Automatic, parte de la gira latinoamericana que cerraba precisamente en Ecuador. Tras el segundo tema, la banda agradeció al público y transformó el recinto en un mar de melancolía. Los entusiastas del indie folk alistaron sus teléfonos para capturar el espectáculo, mientras otros buscaban apresurados las letras en aplicaciones y navegadores de sus celulares para corear, a todo pulmón, las más de dos horas de concierto que aún quedaban por delante.
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Entre lo nuevo y lo clásico
El setlist, compuesto por temas de sus cinco discos de estudio, se mantuvo fiel al repertorio que The Lumineers había presentado en el resto de la región. Los seis músicos en escena -violín, bajo, batería, percusión, piano y pandero- sonaron consolidados, como una familia perfectamente sincronizada. El sonido de la guitarra acústica retumbaba con la intensidad característica de la banda.
Mientras la noche avanzaba, el vocalista Wesley Schultz, originario de Ramsey, Nueva Jersey, narraba con emotividad el trasfondo de sus éxitos y explicaba cómo las historias que nacen del corazón logran conectar con las personas.

Los gritos inundaron la velada al sonar Same Old Show, un himno de su más reciente disco, Automatic, parte de la gira latinoamericana.
Los fans permanecían hipnotizados: rostros nostálgicos, ojos cristalizados y manos cerca del pecho. Algunos portaban vinilos de edición especial; otros, carteles con mensajes afectuosos. Entre ellos destacaba un fan con un dibujo a color de los integrantes, insistiendo al personal de seguridad y a los organizadores para que fuera entregado a la banda.
La música se detuvo brevemente para preparar el siguiente tema. El líder de la agrupación recogió su bebida del suelo y brindó con el público. Entonces llegó el turno de Ho Hey, su éxito más vibrante. El escenario se envolvió en euforia: los músicos se colocaron en fila al frente para zapatear, aplaudir y saltar, dejándose llevar por el ritmo.
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La banda, fiel a su estilo, danzó sin pausa y construyó uno de los momentos más animados de la noche, en el que incluso uno de los integrantes se subió al piano para tocar el pandero con fuerza.
Un sonido atemporal
En su álbum más reciente, Automatic, The Lumineers ha explorado nuevas temáticas relacionadas con la vida contemporánea, la ansiedad y la conexión emocional.
Pese a ello, en conversaciones con medios internacionales, Wesley Schultz ha señalado que la intención de la banda es mantener un sonido atemporal. “Intentamos hacer algo que no suene a un año específico. Queremos que la música tenga una sensación propia, más que una moda”, explicó.

Los fans permanecían hipnotizados: rostros nostálgicos, ojos cristalizados y manos cerca del pecho. Algunos portaban vinilos de edición especial; otros, carteles con mensajes afectuosos.
Cantarle al amor
Pronto, el silencio y la calma regresaron. Con canciones más ligeras, el ambiente se transformó en una escena de amor colectivo, con parejas abrazadas y teléfonos iluminando la noche. La sorpresa llegó cuando Wesley Schultz bajó del escenario para interpretar Gale Song entre la multitud. La cercanía provocó empujones de quienes intentaban alcanzar al músico, obligando al personal de seguridad a formar un escudo protector.
De regreso en el escenario, el vocalista se sentó al piano junto a su compañero y cofundador Jeremiah Fraites. Recibió la bandera tricolor y, con ella sobre el hombro, cantó con la mano en el corazón en señal de agradecimiento. Durante Big Parade presentó a cada integrante de la banda, permitiendo que los músicos demostraran la fuerza de sus instrumentos en pequeños solos. Antes del cierre, Cleopatra fue interpretada casi a capela, dejando al público en silencio absoluto, seguida por el tema instrumental Patience, fuera del repertorio habitual.

Entre el público destacaba un fan con un dibujo a color de los integrantes, insistiendo al personal de seguridad y a los organizadores para que fuera entregado a la banda.
El cierre llegó con Stubborn Love, una balada acústica sobre la resiliencia en las relaciones. El público coreó con una energía que hacía parecer que las más de dos horas de pie no habían causado mella. La banda se despidió con un abrazo colectivo y Schultz volvió a bajar del escenario para firmar pósteres, discos y baquetas. Fue un final emotivo y cercano, a la altura de una agrupación que convirtió la nostalgia en un encuentro colectivo.

El cierre llegó con Stubborn Love, una balada acústica sobre la resiliencia en las relaciones.