Cristina Alcívar, entre el teatro y la maternidad: “Ninguna función debería costarte a ti misma”
Entre ensayos, funciones y canciones de cuna, Cristina Alcívar encontró en la maternidad una nueva manera de orientar su vida y su trabajo artístico

: A sus 30 años, la actriz, cantante y vocal coach ecuatoriana organiza su carrera alrededor del teatro y la crianza de su hija Nina, de 4 años.
Lo que debes saber
- Cristina Alcívar cuenta cómo organiza el teatro y la crianza de su hija.
- La actriz ecuatoriana habla de su regreso al país y su trabajo en teatro musical.
- Nina cambió el rumbo de Cristina Alcívar y la llevó a replantear sus proyectos.
Entre funciones y canciones de cuna, la actriz y cantante ecuatoriana encontró en la maternidad una nueva manera de orientar su vida.
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A sus 30 años, Cristina Alcívar transita entre ensayos, funciones y la crianza de su hija de 4 años. El teatro sigue siendo parte de su vida, pero la maternidad le enseñó que también hay historias que se construyen lejos del escenario.
Su camino ha pasado por distintas escenas: la niña que estudiaba danza y canto, la universitaria que soñaba con el teatro musical, la productora que ayudó a crear un espacio para otros artistas y la joven que viajó a Madrid sin saber cuánto tiempo permanecería allí.
Ahora revisa los horarios de los ensayos, organiza quién cuidará a su hija y calcula cuánto falta para volver a casa. Su vida ocurre entre el escenario, donde interpreta otras historias, y el hogar, donde Nina Chiang Alcívar comienza a inventar las suyas.

"Nina llegó a darme rumbo y seguridad como artista y mamá"
En el Teatro Centro de Arte, durante la sesión de fotos para esta entrevista, Cristina posa como quien conoce lo que ocurre delante y detrás del telón. También habla de una etapa en la que aprendió a dejar atrás la culpa, pedir que se respeten sus horarios y detener una función cuando su bienestar o el de su familia están en juego.
La maternidad le dio un rumbo. Cristina continúa cantando, actuando, produciendo y enseñando, pero ahora cada proyecto debe encontrar su lugar dentro de una vida compartida con Nina. Cuando termina una función, comienza otra versión de ella.
Entrevista a Cristina Alcívar
¿Cómo comenzó su relación con el teatro musical y qué significó crear Elefante Rojo?
Desde pequeña me gustaron el teatro musical, el baile, el canto y la actuación. Mi mamá siempre decía que era una bailarina frustrada y que mi papá era un músico frustrado, así que decidieron cumplir sus sueños a través de mí. Me inscribieron en danza, música y canto. Pasé por varias academias, me gradué y después estudié Música en la Universidad Católica. En ese momento no existían tantos proyectos de teatro musical y tampoco conocía a muchas personas que se dedicaran a eso. Después conocí a Cristina Illingworth y juntas cofundamos Elefante Rojo, una productora independiente de teatro musical. Al principio era difícil llenar una sala. Ahora el público conoce más este lenguaje y existen espacios donde puedes formarte en canto, actuación y danza como una sola disciplina.
¿Qué encontró en Madrid durante su formación y cómo atravesó la pandemia?
Me fui en 2019 para formarme en teatro musical y performance en TAI, pero no tenía un plan concreto. Quería aprender y ver qué sucedía. La pandemia me encontró allá y me dio tiempo para investigar, escribir y descubrir otras facetas. Con mis compañeras hicimos una serie web llamada Casa de Ma. Cada una grababa sus escenas desde casa y hasta terminé mi formación con una presentación virtual. Después formé un trío con dos amigas, audicioné y participé en musicales. También descubrí que era buena armando voces y comencé a involucrarme en la producción y los ensambles vocales. Dejé de pensar únicamente en estar sobre el escenario.

Cristina Alcívar para el lente de SEMANA
Después de trabajar en varias áreas, ¿cómo se define como artista?
Me defino como performer y como artista integral. Tengo varios currículos: uno de teatro musical, otro de música, otro de danza y uno relacionado con la producción. En nuestro medio muchas veces tienes que ser artista, productora y directora al mismo tiempo.
Me encanta cantar, pero cantar no es lo único que me llena. Tengo una conexión con mi cuerpo y, a través del movimiento, puedo expresar muchas cosas. Cuando me muevo encuentro una afinidad conmigo misma que no siempre aparece de otra manera.
¿Qué ocurrió con su carrera como solista después del nacimiento de Nina?
Mientras estaba en Madrid publiqué un EP que respondía a una etapa personal. La llegada de Nina hizo que pausara varias cosas. Un proyecto como cantautora demanda tiempo y atención; es como tener otro hijo. En ese momento no podía dividirme entre los dos y decidí detenerlo.
Eso no significa que no vaya a retomarlo. Todavía escribo y tengo varias canciones dedicadas a ella. Curiosamente, todas son nanas. Antes atravesaba momentos en los que mi creatividad se paralizaba, pero ella me obliga a crear y me entrega ideas todos los días.

Siempre en movimiento.
Es cuerpo en movimiento
¿Cómo cambió Nina el rumbo de su vida?
Yo no tenía un plan concreto. Nina llegó a darme rumbo y seguridad como artista y mamá. También me enseñó a aceptar cuando algo no sucede y a seguir construyendo proyectos. Mi plan era permanecer en Europa, pero necesitaba volver a mi núcleo familiar. Para mí era importante que Nina tuviera cerca a su padre, sus abuelos y nuestras familias.
¿Qué encontró al regresar a Ecuador en 2024?
Pensé que tendría que trabajar en otra cosa porque no sabía cómo se movía el medio. Había pasado varios años fuera. Antes de regresar escribí a teatros y productores. José Miguel Salem me pidió conversar cuando llegara y mi primer proyecto de teatro musical fue Legalmente rubia. Después aparecieron otras propuestas. Me siento agradecida porque confían en mi trabajo y criterio.
¿Cómo organiza la maternidad dentro de su profesión?
Llevo a Nina a ensayos y talleres cuando puedo. También procuro que en las producciones se respeten los horarios porque tengo otra vida fuera del teatro. Me impongo una disciplina: llegar temprano, salir a la hora acordada y regresar porque ella me necesita.
Si viene un musical, coordino los meses y días con las familias. Lo más difícil es no sentir culpa.
¿Cómo vive Nina el hecho de tener padres artistas?
Ella entiende que este es nuestro trabajo. Una vez le preguntaron en el colegio qué hacía su mamá y respondió: “Mi mamá trabaja en las noches y se pone vestidos”. Luego explicó que canto, bailo y trabajo en el teatro.
En casa inventa escenas, reparte personajes y aprende diálogos. No la obligamos a cantar, bailar ni actuar. Lo hace porque nos ve y entiende el arte como un juego. Ahora quiere ser doctora, veterinaria, cantante y bailarina.
¿Cómo trabaja con las emociones de sus alumnos?
Me gusta enseñar, pero, sobre todo, ayudar. También estudié Psicología Holística en Madrid y profundicé en la relación entre cuerpo, voz y emociones. Para mí, la voz está conectada con lo que nos ocurre.
En una clase necesito entender si alguien tiene miedo de proyectarla y qué vivió para dejar de hacerlo. No se trata solo de colocar una nota. Los artistas trabajamos con nuestras emociones y el cuerpo guarda lo que a veces no podemos decir.
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¿Cuándo debe detenerse la función?
Cuando compromete la salud emocional o mental, o afecta a la familia. Necesito cuidar mi voz, mi cuerpo y mantenerme en aprendizaje constante. Si algo me sobrepasa o va contra mis principios, tiene que parar. Amo el teatro, pero ninguna función debería costarte a ti misma.
Créditos: Fotos: Carlos Klinger. Producción y estilismo de moda: Gianella Muñoz. Maquillaje y peinado: Silvana Holguín (@silvanamakeuphair). Vestuario: H&M, en el centro comercial Mall del Sol. Locación: Teatro Centro de Arte (@tcagye).